Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Un encuentro con autor

La cerveza fue ocupando de a poco el espacio vacante en la cotidianeidad que ocupaba el vino, ese que se bebía en las comidas, no en ocasiones especiales.

Por Raúl Manrupe

 

Eran los comienzos de la década de 1980. En los hogares argentinos estaba desapareciendo un viejo compañero: el vino de mesa se iba para no volver más. Hablamos del vino común, ese que se bebía en las comidas, no en ocasiones especiales. Un segmento que había sido por décadas el de anunciantes poderosos, con fuerte inversión publicitaria. La radio, la vía pública, la gráfica en diarios y revistas y después la televisión fueron el escenario de campañas memorables.

Pero el mundo había cambiado y mucho. Ya la figura del padre que llegaba al mediodía a almorzar a la casa y la de la madre que lo esperaba y cocinaba para toda la familia, había cambiado: el hombre trabajaba todo el día lejos del hogar. Y la mujer, en la mayoría de los casos, también. El vino quedó poco a poco relegado a ser una bebida de momentos fuera de la rutina. La cerveza fue ocupando de a poco el espacio vacante en la cotidianeidad.

 

Quilmes, la marca más tradicional cambió varias veces de agencia de publicidad por esos tiempos. En uno de esos cambios, hacia 1982 fue Solanas/Ayer la que la atendía. El tema de la amistad, el consumo feliz en grupo, como tantas veces, era el eje. Hasta que alguien tuvo la ocurrencia y así nació el slogan duradero “El sabor del encuentro”. Los años lo harían pasar a otras agencias, y situaciones de todo tipo, llegando al extremo de personificarlo con una supuesta y demandante Elsa Bor de el encuentro, debido a la creatividad de Agulla & Baccetti. Pero todo tuvo un principio y ese principio fue esa chispa que quedaría por décadas. Su creador también dejó su huella y no sólo en la publicidad, sino como humorista y periodista. Su nombre: Jorge Guinzburg.

 

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