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Recordando los bailes populares de Santa Fe

Antes del boom de las discotecas, Santa Fe tenía hermosos bailes populares. Cómo se divertían los jóvenes de antes.

¿Cómo explicar a los jóvenes del siglo XXI lo que eran los bailes populares en esta ciudad, antes de la irrupción de la “música disco” con sus variantes de techno, pop dance, electrónica, reggaeton, hip hop, trap y demás?

Es la música con el estilo propio de la época, la que marca la abismal diferencia, no solo en sus ritmos, sino también en la forma en que llegaba a la pista de baile. Las orquestas en vivo eran las encargadas brindar sus interpretaciones y al mismo tiempo invitaban a bailar, configurando un espectáculo para disfrutar y admirar. No existía “pogo” o “mosh” y unos pocos se animaban a entonar las canciones desde la pista, de la forma más disimulada posible.

Sin Disc Jockey de por medio, pero con un “animador” que era muy importante para el éxito y la convocatoria a sumarse al baile, las orquestas se formaban en el escenario y alternaban sus interpretaciones, para dar un respiro a los asistentes que salían a lugares abiertos, cuando de un salón se trataba, para fumar, charlar tranquilos o encontrarse con quienes se buscaba ahondar en la relación, la mayoría de las veces recién iniciada.

Pero estos “respiros” tenían una finalidad práctica y era que las orquestas que actuaban necesitaban acomodarse en el escenario, cada vez que debían subir nuevamente a él, una vez que se retiraba la anterior. Es importante destacar que todos los bailes contaban con dos tipos de orquesta: la típica y la jazz. La primera se encargaba de interpretar tango, milonga, pasodoble y vals y la segunda, los ritmos imperantes en la moda de la época, bolero, baión, mambo, foxtrot y, ya en la década del 60, cumbia (la colombiana) tratando de parecerse a Los Wawancó, el grupo de mayor éxito en el género.

Las chicas venían “con paquete”

Un dato pintoresco y necesario para comprender por completo cómo se desarrollaban estos bailes es que, por lo general, las adolescentes asistían acompañadas por una de las madres del grupo, o alguna hermana bastante mayor, encargadas de velar por el buen comportamiento y el decoro. Entonces, no era raro ver, durante “la típica”, a los jóvenes abandonar la pista, que iba siendo ocupada por los “grandes” que se animaban a invitar a bailar a aquellas acompañantes; muchas de estas encontraban así la oportunidad de divertirse en un “permitido” acto de audacia.

¿Dónde tenían lugar? Una forma de imaginarlo puede ser ubicarse en un club de barrio, un salón de fiestas de algún sindicato o en el playón de un complejo deportivo. Todos estos lugares¿ debían contar con un escenario, permanente o montado para la ocasión, ubicado en un extremo y sobreelevado. A nivel del piso y alrededor, bordeando el salón, se acomodaban las mesas y sillas, en las que se ubicaban mayoritariamente las mujeres, ya que los varones permanecían de pie detrás de las mesas y cerca del escenario o del bar.

Tiempos de cabezazos

Un tema aparte, y muy lejano a las costumbres de hoy en día, es el modo en que se formaba la pareja de baile. Las mujeres, al estar sentadas alrededor de la pista, quedaban en “exhibición”, mientras los muchachos elegían. Era de buena educación que estos se acerquen a la mesa, se inclinen hacia la elegida y le pregunten: “¿Bailamos?”. Ahora bien, no siempre la dama aceptaba la propuesta y esto provocaba gran vergüenza al proponente, el que debía retornar a su lugar, soportando las bromas de sus amigos por el fracaso del avance. Así fue que, con el tiempo y a fin de evitar el bochorno, los jóvenes comenzaron a usar el llamado “cabezazo”, o sea, invitar a la chica desde donde se encontraban parados, con una inclinación de cabeza, cuando lograban capturar la mirada de ella; de este modo, no se notaba tanto si eran rechazados. A las madres no les gustaba para nada esto y, a veces, influían en la decisión de las chicas de no salir a bailar si se las invitaba de esa manera.

Obviamente era inimaginable que las chicas bailaran entre ellas; condenadas estaban las que no lograban compañero a permanecer sentadas toda la noche, lo que se llamaba “planchar” y  a veces era motivo de burla.

En el recuerdo para siempre

¡Tanto ha cambiado para bien y para mal! Los tiempos traen aparejados nuevas modas, costumbres y los lugares que eran superpoblados los sábados a la noche, cada semana fueron dedicando sus espacios a otros fines muy diferentes, ya que las discotecas comenzaron a proliferar en la ciudad, con la música disco y, en pocos casos, con algún pequeño grupo sumado a ella.

Nostalgiosos recuerdan con una sonrisa cargada de inocencia, lugares en la ciudad de Santa Fe que albergaron estos bailes populares, como el Club de Regatas, el Club Unión, el Sindicato de la Unión Ferroviaria, el Club Sargento Cabral, Sociedad de Fomento 09 de julio, Club Colón y Vecinales Villa Dora y  Villa María Selva. Se suma el entrañable recuerdo de las orquestas locales que marcaron la época: Santa Alhoma Jazz y el dúo conformado por Klein (jazz)-Sorbellini (típca), que aseguraba éxito rotundo y masiva concurrencia. Varias orquestas de Buenos Aires también fueron partícipes de estos eventos, entre ellas: Varela Varelita (jazz), Juan D´Arienzo y Héctor Varela (típica).

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