Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Las nuevas generaciones no lo conocieron. ¿Y vos?

El lugar en el que siempre se encontraba la palabra que consolaba, que apoyaba y que acompañaba...

El bulín era una habitación alquilada, de medianas dimensiones, la cual era usada por un grupo de amigos como refugio y sitio de encuentros.

Generalmente ubicada en los altos de un edificio, disponía de una mesa para comer y jugar a los naipes, generala o dominó, los mismos juegos que en el café, a los que se sumaba, como complemento obligado, un platito con porotos que alguna vez fueron blancos. También había una cama (“la catrera”) de usos múltiples, un calentador marca “Primus” (fuente calórica primordial para entibiar el ambiente en los días invernales y calentar agua para tomar mate, infaltable junto a la azucarera y la yerbera, conjunto al que se adicionaban los clásicos bizcochos con grasa, una combinación insuperable.

Una ventana de doble hoja con postigos de madera permitía distinguir el día de la noche. Un velador pequeño en la mesa de luz y una sencilla lámpara colgante constituían la única fuente de luz artificial. Las paredes estaban empapeladas con pésimo gusto y el piso de madera con listones de roble alguna vez había estado encerado. Una pequeña radio permitía escuchar relatos de fútbol, resultados de lotería y programas musicales.

Un cenicero muy sucio, recuerdo de alguna visita al café, estaba colmado de colillas, que en época de malaria se volvían a fumar. Todos tenían la llave de la habitación: eran cuatro o cinco amigos que estaban muy bien organizados con los horarios cuando alguno tenía una compañía femenina. Una foto de Gardel o de un equipo de fútbol adornaba una de las paredes. El bulín era el lugar donde después de ir a bailar, los amigos se reunían para cenar en calzoncillos en horas de la madrugada, o bien para jugar al póker en una noche prolongada, hasta que alguno abría los postigos y la luz del sol en la cara les señalaba un nuevo día.

El bulín era el sitio para combatir el hastío, la mufa del trabajo o la angustia por un rechazo sentimental. Era el lugar en el que siempre se encontraba la palabra que consolaba, que apoyaba, que acompañaba.   

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