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La yapa

La “yapa” era un regalo que el vendedor le hacía al comprador. Al llegar las grandes cadenas de supermercados, la costumbre se perdió.

Eran épocas en la que la mayoría de los alimentos se vendían sueltos. En los almacenes, los fideos, las legumbres, el azúcar en terrones o molida, estaban contenidos en grandes cajones de madera que en el frente, disponían de un compartimiento estrecho, cubierto por un vidrio transparente, que permitía observar el aspecto de cada producto.

Una pala metálica construida con una lata de duraznos, era el medio empleado para cargar el producto sobre un papel blanco colocado sobre uno de los platos de la balanza, mientras el otro soportaba las pesas correspondientes a esa compra, que se equilibraba con el producto solicitado. Una vez alcanzado el peso, el almacenero agregaba un poquito más, la “yapa”.

Si un niño pedía la “yapa”, recibía un caramelo. Así ocurría cuando el lechero llegaba diariamente a domicilio. Una vez cargada la cantidad de leche solicitada, agregaba un chorrito adicional de leche diciendo: “y esto va de yapa”.

Una costumbre de barrio

En la carnicería, la atención era generalmente compartida con la esposa del carnicero, quien se ocupaba de la venta de verduras y fruta. El carnicero proporcionaba como “yapa”, el bofe (1) para el gato, el corazón o un hueso para el perro.

Era habitual que el comprador solicitara en calidad de “yapa” la “verdurita”, compuesta por perejil, puerro, cebolla de verdeo, apio, una zanahoria y un trozo de zapallo, para preparar la sopa.

El cliente, compraba la carne y luego, al comprar las verduras, conversaba con la vendedora sobre diversos temas cotidianos, estableciendo un vínculo como vecino, que se consolidaba con la famosa “yapa”.

Se trataba de un verdadero reconocimiento a ese cliente fiel, que día tras día, recurría a los proveedores del barrio, integrando una gran familia que conocía mucho del otro, con el que interactuaba.

Y así fue hasta la mitad del Siglo XX, cuando comenzaron a aparecer los grandes locales de venta llamados supermercados, en donde todos los alimentos estaban envasados y donde hablar con el vendedor, ya no era necesario o era imposible. La “yapa”, fue una muestra de gentileza y reconocimiento del vendedor para su cliente, institucionalizada en esa Argentina de ayer.

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