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La montaña lo creó y lo derrumbó

El Hotel Termal de Puente del Inca fue la vedette de los alojamientos de montaña en Mendoza. Sin embargo, un alud arrasó con él en 1965.

Nostálgicos
Puente del Inca

Pudo haber sido un hotel más. Como tantos que se inauguran, trabajan durante algunos años y dejan de funcionar. Sin embargo, este quedó grabado en la memoria de los mendocinos y turistas que nos visitaron en la primera mitad del siglo pasado. Estaba ubicado en la zona de alta montaña, contaba con lujos como los baños de aguas termales y era elegido por personas del más alto poder adquisitivo. Sin embargo, la naturaleza no quiso que siguiera existiendo. Un alud lo derrumbó en cuestión de segundo. Hoy yacen sus ruinas, para nunca olvidar una de las construcciones más importantes de nuestra historia.

El hotel termal de Puente del Inca fue construido en la época de los ferrocarriles ingleses y destruido por un alud en 1965. Los huéspedes, en su mayoría, eran viajeros temerosos, que prefería cruzar la Cordillera de Los Andes con la luz del día. Entonces, al caer la noche, elegían pernoctar en el hotel. ¿Qué diría San Martín de ellos?

Era un verdadero atractivo para las clases altas de Buenos Aires. Viajaban en el tren trasandino y ni siquiera descendían en la escala de Mendoza. Iban directamente a Puente del Inca. Allí descendían con sus largos vestidos y sus baúles de ropa para lucir durante su prolongada estancia que, muchas veces, era de un mes. El personal del hotel, pese a la puna que a la hora de la llegada del tren se hacía sentir más en ese sitio a 2.720 metros de altura, trasladaba a pie trabajosamente ese equipaje hasta el hotel, ubicando a los pasajeros en sus habitaciones. El llamado "pabellón del río" era el más pedido, por su maravillosa vista hacia el valle.

Un personaje especial

En esa época era habitual que, gran parte de la temporada de verano, se alojara en el antiguo hotel un dibujante, Lázaro Cozzi, autor de la historieta “Tucho, de canillita a campeón”, que publicaba la revista Patoruzito. Solía instalarse en la cumbre del cerro Banderita norte, donde permanecía toda la jornada trabajando en su historieta. Mientras, la esposa y una hija de 16 años paseaban por la zona, se daban baños termales y aprendían a andar a caballo por las morenas de la laguna de Horcones.

Poderes curativos

Dos casos puntuales: el de un famoso neurocirujano cuyo nombre y apellido lleva una calle de Buenos Aires y el de la esposa de un famoso bodeguero de Mendoza, ambos ya fallecidos. Como disponían de posibilidades económicas, habían recorrido las mejores fuentes termales de Europa (Baden Baden, Vicchy, etc), pero en ninguna habían encontrado remedio a sus enfermedades. El neurocirujano padecía desde la primavera una impresionante soriasis en las manos que le impedía lógicamente ejercer su profesión. Llegaba en septiembre con guantes de lana para ocultar su mal y, después de 15 días sumergiendo sus manos en las aguas sulfurosas de Puente del Inca, las manos recuperaban su aspecto normal. Por eso volvía año a año, cada primavera. Lo mismo pasaba con la señora del bodeguero. Tenía en su cuerpo enormes manchas como frutillas (rojas y ásperas) y, después de un mes de baños termales y jornadas de sol en las orillas del río, las manchas desaparecían hasta el próximo verano.

El alud y el sobreviviente

Muchos años después, en 1965, bajó un alud desde el cerro Banderita sur, pasó milagrosamente por sobre la iglesia que aún existe, y de la cual solamente le sacó una partecita de la cruz superior, y se abatió sobre el hotel, destruyéndolo totalmente. Oscar Vitullo, recepcionista habitual del hotel de montaña, estaba en el sillón de siempre. La nieve lo arrastró sentado en ese sillón sin sacarlo de él, como si estuviese pegado, lo llevó por el túnel que unía al hotel con los hoy abandonados baños termales y lo sepultó bajo más de 7 metros de nieve, en el fondo del río Las Cuevas. Soldados de la Compañía de Esquiadores de Alta Montaña “Teniente Primero Ibáñez” acudieron de inmediato, pero nada pudieron hacer con sus pequeñas palas lineman para abrirse camino hacia el cuerpo de Vitullo, la única víctima que dejó ese alud. Como dato curioso, solo conozco un antecedente similar en Austria. Hay en las montañas de ese país una iglesia que ha sufrido en su entorno varios aludes importantes, pero el templo sigue milagrosamente intacto. El hecho me recuerda algunas anécdotas vinculadas con la zona.

Fecha de Publicación: 18/10/2020

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