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Juegos de azar

Los juegos de azar ocupaban un lugar importante en la vida de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, de antaño. Recordalos en esta nota.

La inmigración europea trajo consigo innumerables costumbres, entre ellas los juegos de azar. La herencia española se tradujo en el juego con las barajas españolas, dejándonos el truco y la brisca, juegos populares e infaltables en todo boliche.También el tute, con sus variantes "cabrero", "remate" y "codillo", de ascendencia italiana, complementaban el programa bolichero.

Los vascos dejaron su impronta en las canchas de pelota, que se expandieron por la ciudad. Integradas a clubes sociales, convocaban a muchos aficionados que apostaban sumas importantes a la pareja elegida.

Se apostaba en el hipódromo "a las patas de un tungo triunfador". Las carreras de caballos permitían realizar apuestas mínimas, desde "el uno y uno", el "tres y dos", es decir tres a la cabeza y dos a placé, hasta "dejar todo", a la suerte del caballo. La mayoría se jugaba el salario, con la esperanza de recuperarlo a la semana siguiente.

La lotería era un juego de apuestas organizado por el Estado. Eran tres, las jugadas importantes:Navidad, Año Nuevo y Reyes. Muchos soñaban todo el año esperando estas fechas, en las que un golpe de suerte los "sacaría de pobres".

El sorteo de Navidad, con los premios más elevados, se transmitía por radio, y era habitual que la salida del "Gordo", el premio mayor, no fuera a hora temprana, lo que impulsaba a escuchar la radio mucho más tiempo. Conocido el resultado, aparecían "los nuevos ricos", mientras la gran mayoría esperaba la revancha en Año Nuevo o Reyes.

Paralelamente a la lotería, se jugaba a la Quiniela, juego clandestino y muy difundido. Todas las categorías sociales se anotaban, semana tras semana, para tentar la suerte a una terminación de lotería. El premio variaba según se apostara a una, dos o tres cifras de los 10 primeros números premiados.

El quinielero, era un personaje increible, que recogía las apuestas en los sitios más insólitos. Todo de palabra, procurando anotar lo menos posible, ya que cuando aparecía la policía, debían desaparecer las anotaciones, lo que motivaba que el quinielero se "comiera" los papeles y no dejara rastro alguno.


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