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Gath y Chaves: el shopping de los años '20

La tienda Gath & Chaves fue el paseo por excelencia de los argentinos. Ocho pisos de moda y una confitería, desde donde podía disfrutarse una magnífica vista del centro porteño.

Ir de compras a “Gath y Chaves” era una fiesta. Alfredo Gath, inglés y Lorenzo Chaves, santiagueño, fundaron “Gath & Chaves” en 1883 para vender ropa masculina.

Ubicada en un principio en Bartolomé Mitre y Florida, la empresa creció y se instaló definitivamente en Florida y Cangallo, en el año 1914, en un edificio soberbio, construido a imitación de las Galerías Lafayette de París, con un gran hall y 8 pisos. Fue la más famosa de las tiendas argentinas que en 1922, se fusionó con “Harrod’s”.

Las ampliaciones la transformaron en “The South American Stores Gath & Chaves”. Sus locales fueron un ejemplo a tener en cuenta por la calidad del surtido de mercaderías y por el servicio al cliente, brindado por un personal numeroso, de alta profesionalidad y bien actualizado respecto de las novedades nacionales y extranjeras.

El servicio de envío a domicilio comenzó con carros y triciclos, mejorando posteriormente con el empleo de camionetas pintadas de color verde. Era comparable a las mejores tiendas inglesas. En las dos semanas de Fin de Año y el Nuevo Año, eran innumerables las visitas de los niños con su familia, para ver las decoraciones de Navidad y disfrutar la presencia de los Reyes Magos, a quienes indefectiblemente, se les llevaba una carta solicitando los juguetes.

En el octavo piso se encontraba la Confitería, desde donde podía disfrutarse una magnífica vista de la ciudad; se llegaba por ascensor conducido por un empleado uniformado. Todo el personal estaba uniformado, masculino y femenino, de acuerdo con la categoría. Eran más de 6 mil personas.

La Confitería era visitada por damas adineradas, para encuentros tradicionales, el famoso té de las 5 de la tarde, a la usanza inglesa, pero también por quienes deseaban disfrutar de un té con masas o como en mi caso, un chocolate con masas. Me llamaron la atención las escaleras mecánicas, que sólo había visto en el Mercado de Abasto y en el subterráneo de la calle Corrientes.

Visitar la tienda era un paseo esperado con ansiedad por los chicos y disfrutado por los adultos. El atractivo de las ofertas a bajo precio era el gancho para la compra de artículos más suntuosos. Un aviso promocionaba camisas blancas y cuellos finos para hombre, con puños a $ 3,40 y sin puños a $ 2,00. Pero se vendían Puños de papel, a $ 0.50 centavos la docena.

Los distintos modelos se exhibían en maniquíes con cabeza de cera y cabello natural. “Gath & Chaves” fue el emporio de la elegancia y centro de la moda, inmortalizada en la película “La vendedora de fantasías”, que Mirtha Legrand filmó en la Argentina de ayer.

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