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El reparador de pelotas de fútbol

Conocido personaje del barrio, experto en talabartería, reparaba los gajos de cuero y dejaba a la pelota como nueva.

Conocido personaje del barrio, experto en tareas de talabartería. La reparación de los gajos de cuero dejaba a la pelota como nueva, lista para alegrar a pibes y grandes. Las pelotas eran de larga duración y se las cuidaba, engrasando el cuero con frecuencia, mediante un trozo de grasa de vacuno, obtenido gratuitamente en la carnicería del barrio. Inclusive se le colocaba pomada y se la lustraba como a un zapato. Pero un partido en día de lluvia o con la cancha mojada, dejaba a la pelota en malas condiciones.

Existían dos modelos de pelotas de fútbol: el más antiguo, la pelota con tiento, reemplazada posteriormente por la sin tiento. Las diferencias eran notables. La primera, fabricada con cuero grueso, encerraba una cámara de goma color rojo, rematada en un tubo flexible por donde se inflaba. Luego el tubo se ataba fuertemente con un trozo de piolín, se ubicaba por debajo del tiento de cuero, que cerraba la pelota.

El tiento constituía una zona rugosa que podía provocar molestias o lesiones al cabecear. Estas pelotas fueron reemplazadas por las sin tiento, de 12 gajos, marca "Superbal", o la de 16 gajos, marca "Criolla", más livianas y más lisas. Se inflaban con un adaptador, el pico, que se colocaba en un pequeño orificio correspondiente a la entrada de la válvula. Mediante un inflador, se introducía aire hasta lograr la dureza deseada. Los gajos estaban cosidos con piolín encerado. Eran los sitios que se rompían favoreciendo la desunión de uno o más gajos, situación que obligaba a la reparación inmediata, para evitar la pinchadura de la cámara de goma.

El reparador de pelotas fue el responsable de devolver la salud al cuero lastimado, alargando la vida útil de las pelotas de fútbol.

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