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El mercado

Hoy, la tecnología nos proporciona los espectaculares hipermercados donde hay de todo, excepto diálogo y contacto humano

Al ingresar, se experimentaba una serie de olores distintos y característicos, con predominio de las aves y pescados. Eran épocas de carencia de heladeras a hielo, y se consumían alimentos muy frescos o recién faenados, que no podían conservarse mucho tiempo, no había congeladoras. Se elegía una gallina de la jaula correspondiente y al instante era sacrificada y desplumada, en un tacho de latón, conteniendo agua caliente, o en una pileta exclusiva para ese fin. El piso del mercado estaba recubierto de aserrín de madera en toda su extensión y al caminar, se percibía la sensación de deslizarse. La “Orquesta del Mercado”, un trío compuesto por bandoneón, violín y batería, ejecutaba cada mañana valses, tangos, milongas, pasodobles y rancheras para los clientes. Niños y adultos se detenían, no sólo por curiosidad, sino para solicitar la ejecución o la repetición del tema musical de moda. La carne y el pescado expuestos sobre los fríos mármoles helados, eran clásicos del mercado. Se verificaba la calidad de la mercadería, su aspecto y frescura. Alrededor de las lámparas o colgando de ellas, se colocaba un papel atrapa moscas; era una cinta retorcida y pegajosa, intento optimista de reducir la abundante población de insectos que allí pululaban, especialmente en los puestos de carne y pescado. En el puesto de frutas, se compraban por docena las peras, duraznos, manzanas y bananas. El fin de semana era catastrófico para la mercadería no vendida. El sábado por la mañana, las ofertas eran comunes. Las frutas muy maduras, se ofrecían en cantidad de 30, 40 o más unidades, a precios muy bajos, que eran rápidamente aprovechadas por las amas de casa para preparar compotas. Los precios eran algo menores que en los almacenes y carnicerías. El pago era al contado exclusivamente y la discusión por los precios, era una constante, renovada con cada artículo. La pelea por el centavo, era muy dura. La relación con la clientela, era cálida y cordial. Se concurría una vez por semana, estableciéndose casi una amistad con los vendedores y vecinos. Era una relación humana y dialogada, de intercambio. Hoy, la tecnología nos proporciona los espectaculares hipermercados donde hay de todo, excepto diálogo y contacto humano.

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