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El Ascensorista

El Ascensorista

Si hay algo que nunca entendí, es el ascensorista. ¿Hace falta, realmente, un tipo que maneje un ascensor? Porque el tema es que hasta me hace dudar de mí mismo: ¿en serio no soy capaz de tocar un botón por mí mismo? Si alguien me pregunta: ¿a qué piso vas?, hasta un segundo antes yo estaba seguro de que iba al octavo, pero la pregunta tan directa, tan interpelante, me descoloca, me paraliza y me dan ganas de subir por la escalera.

¿Qué necesidad de alguien que maneje algo que no dobla ni cambia de rumbo ni de velocidad ni nada? Insisto: sólo toca un botón, igual que lo podría hacer yo. ¿O no? ¿Es especialista en ascensorismo? ¿Hizo un máster, un doctorado? ¿Tiene certificado de primeros auxilios? Si me desmayo adentro del ascensor, ¿puede socorrerme? ¿Está capacitado para operarme de urgencia si me agarra una peritonitis en el medio de un corte de luz?

Hablando un poco en serio, qué trabajo alienante, mamma mía. ¿Le pagarán sueldo de insalubre? Hay que estar ocho horas diarias sentado en un banquito (en el mejor de los casos, algunos ni siquiera, tienen que bancarse el turno laboral de pie) subiendo y bajando en una cabina cerrada. ¿Y en verano? ¿Hay ascensores con aire acondicionado? Bueno, es verdad, tampoco exageremos tanto. Hay trabajos peores. Además, como viene la mano, no levantemos la perdiz, no sea cosa de que dejemos un ascensorista sin laburo… Pensándolo bien, ¡qué útiles son los ascensoristas! ¿Qué haríamos sin ellos?

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