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El ajenjo en el tango

La bebida que hizo delirar a los bohemios en 1900.

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El ajenjo también llamado pernod o suissé, es una bebida de elevada graduación alcohólica, superior a los 80°, derivado de la absenta. Fue muy popular en las últimas décadas del siglo XIX y comienzo del siglo XX. Se constituyó en la bebida favorita de conocidos artistas de la bohemia parisina como Tolouse Lautrec, Picasso, Degas, Manet y muchos otros que encontraron en ella una fuente de inspiración.

El ajenjo tiene la propiedad de crear estados de ensoñación, de delirio, un verdadero alucinógeno. Se decía que Van Gogh se cortó una oreja bajo los efectos del ajenjo. Fueron varias las telas pintadas por los famosos que mostraban escenas relacionadas con el consumo de ajenjo. Argentina y particularmente Buenos Aires, no fueron una excepción. Su elevado consumo en cabarets, tugurios y cafés, fortalecieron el mito del ajenjo. Al ser muy consumido en el ambiente prostibulario, fue recogido por el tango.

En el año 1907, el ajenjo fue prohibido en la Argentina, como consecuencia de la labor del diputado Alfredo Palacios, por sus efectos devastadores sobre la clase trabajadora. Como bebida alcohólica de elevada graduación, era de uso habitual en los viejos bares.

En 1927, Adolfo Mondino y Víctor Soliño nos dejaron “Maula”: “La barra del boliche / borracha de Pernod, / mi nombre, que es el tuyo, / por el suelo arrastró; / Y vos que en una mesa / oíste aquella infamia, / bajaste la cabeza / ¡cobarde! Sin chistar”. Al ajenjo también se lo denominaba pernod, recordando el nombre de Henri Louis Pernod, pionero en la producción industrial de esta bebida.

En una apretada síntesis, Homero Expósito y Virgilio Expósito escribieron “Siempre París”, señalando: “Y así el pernod y el striptis / medio cocotte y actriz / y por los barbudos sin razón / ¡y el mal de Koch, París”.

Una de las razones esgrimidas para prohibir la venta del ajenjo a nivel mundial fue la comprobación de varios hechos de sangre, ejecutados bajo la acción de una borrachera por ajenjo. En 1930, Enrique Cadícamo y Roberto Firpo lo marcaron en “Aquellas farras” cuando escuchamos: “Siglo de oro de ese tiempo / en que el ñato Monteagudo, / borracho de pernod, / se quiso suicidar / y del loco Puentecito.../ y del zurdo Altamirano.../ No los he vuelto a ver, / ¡Dónde andarán?”.

En el tango “Seguí mi consejo”, 1928, Eduardo Tronge y Salvador Merico destacan en forma humorística como el ajenjo es la bebida más representativa a la hora de elegir: “Refrescos, limones, chufas no los tomes ni aun en broma / Piantale a la leche hermano, que eso arruina el corazón. / Mandate tus buenas cañas, hacete amigo del whisky / y antes de morfar rociate con unos cuantos pernos”.

En el climax de los romances, el ajenjo desempeñaba un papel fundamental, provocando una embriaguez ensoñadora que contribuía a exaltar las pasiones. En “El Pescante”, 1934, Homero Manzi y Sebastián Piana nos sintentizaron magníficamente esta situación: “Vamos por viejas rutinas, / tal vez de una esquina nos llame René / Vamos que en mis aventuras / viví una locura de amor y suissé”. Ésta era la otra denominación del ajenjo, así llamado por haber sido Suiza su país de origen.

La copa de ajenjo estaba presente en las crisis y rupturas sentimentales. Brindaba la posibilidad de vivir un período corto de olvido siguiente a la relación frustrada. En “Copa de ajenjo”, 1941, Carlos Pesce y Juan Canaro así lo describieron: “Suena tango compañero, / Suena que quiero cantar / porque esta noche la espero / y sé que no ha de llegar. / Y en esta copa de ajenjo / en vano / pretendo mis penas ahogar / suena tango compañero / suena que quiero llorar”.

Durante la vigencia del ajenjo, la Argentina miraba a Francia como un modelo integral. Imitar sus costumbres, sus edificios, visitar París, eran los objetivos de la época. Así ocurrió en “El Choclo”, de Enrique Santos Discépolo, Juan Marambio Catán y Ángel Villoldo, cuando plasmaron en 1946 la letra que dice: “Carancanfunca se hizo al mar con tu bandera / y en un pernó mezcló París con Puente Alsina / Fuiste compadre del Gavión y de la Mina / y hasta compadre del bacán y la pebeta”.

El ajenjo, con su ritual de consumo caracterizado por el agregado de un terrón de azúcar colocado sobre una cuchara calada, a fin de agregar agua fría para disolverlo, fue la bebida más requerida en el ambiente tanguero y prostibulario de esa Argentina de ayer.

 

Fuente: Varise F. Absenta: la moda del licor maldito. La Nación 9-07-2011

http://www.conexionbrando.com/1591228-absenta-la-bebida.prohibida.

Fecha de Publicación: 15/10/2020

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