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Cuando tomar leche era casi un riesgo para la vida

En 1961 se prohibió la venta de leche no pasteurizada, lo que motivó la desaparición de esta forma de distribución.

El patio de los lecheros comenzó a funcionar a principios del siglo XX. Estaba ubicado en la intersección de las calles Donato Álvarez y Bacacay, limitando con las vías del Ferrocarril Sarmiento. A esa estación llegaba el tren con la leche proveniente de los tambos ubicados en las afueras de la ciudad de Buenos Aires. Diariamente, cientos de repartidores esperaban el tren para disponer de la leche que iban a vender por las calles porteñas, casa por casa. La mayoría eran inmigrantes de origen español. Los trenes cargueros se ubicaban en el andén y a la mañana, bien temprano, llegaban los carros. Los lecheros tenían un acuerdo con el ferrocarril por un canon mensual. Dejaban los tambores vacíos y lavados, llevándose los que había traído el tren. El procedimiento carecía de higiene: la única protección estaba representada por la tapa, sin ningún tipo de seguro que impidiera su abertura. Los tarros se individualizaban con distintas combinaciones de colores pintados en sus tapas. Esta modalidad de trabajo estuvo vigente hasta la década del 60. En 1961 se prohibió la venta de leche no pasteurizada, lo que motivó la desaparición de esta forma de distribución y la del lechero, con su tradicional carrito fileteado y el caballo canchero.
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