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¿Cuál era tu favorita?

Sitios donde la venta y el canje fueron moneda corriente para disfrutar el tesoro de la lectura en ese Buenos Aires de ayer.

Las llamadas “Librerías de viejo” vendían, en su mayoría, libros usados. Ubicadas principalmente en la Avenida Corrientes y Avenida de Mayo, se caracterizaban por ofrecer libros usados, ediciones viejas no leídas y ediciones más económicas, todas alternativas de buen contenido a precios muy accesibles. Revolver entre los libros, jugar con la oportunidad de hallar ese volumen recomendado, era una ceremonia repetida.

Las librerías se caracterizaban por la temperatura elevada en su interior, como si la suma de todos esos libros acumulados liberara una energía incalculable. No se disponía de aire acondicionado y, si había un ventilador, apuntaba al dueño, que estaba siempre ubicado en el mostrador de ventas.

 El “olor a libro” fue una sensación inolvidable. Uno se encontraba con sorpresas: flores secas, tarjetas, señaladores con dedicatorias, anotaciones al margen que enriquecían el contenido del texto, páginas subrayadas destacando conceptos especiales o párrafos clave; una cantidad de detalles y circunstancias ausentes en un libro nuevo. La tarea de revolver los usados deparaba la sorpresa de encontrar la joyita impensada: una edición antigua, un libro agotado.

Sitios donde la venta y el canje fueron moneda corriente para disfrutar el tesoro de la lectura en ese Buenos Aires de ayer.

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