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Bowling y pool, entretenimientos de la noche mendocina

Fueron las atracciones más destacadas. La noche mendocina ofrecía entretenimientos que se fueron perdiendo con el tiempo.

La noche mendocina de hoy es bastante básica, monótona. Siempre lo mismo. Salir a tomar alcohol, con el fin de emborracharse, desinhibirse y tratar de levantar alguna pareja de turno. Esta escena se da en bares, boliches, fiestas privadas y cualquier otro evento en donde haya grupos de amigos y gente con ganas de “divertirse”. En cambio, antes, la cosa era distinta. Había más entretenimientos para pasarla bien, sin la necesidad de alcoholizarse.  

El bowling de los 70

En 1958 se instaló el primer bowling como entretenimiento y opción de diversión para la noche mendocina. Fue en el edificio de los hermanos Mariotti. Se ubicaba en calle Salta, de Godoy Cruz, y quedó bautizado como Delta y se convirtió en “el” bowling de los 70, con innovaciones e ideas traídas de otros países. Las salas de espera estaban ocupadas por mesas de pool, tejo y metegol, todas actividades lúdicas de la época. El lugar también era el escenario perfecto para torneos de bolos, cumpleaños y encuentros de familias y amigos que pretendían pasar un momento entretenido. Entre el primer y segundo piso, llegaban a dieciocho las canchas disponibles donde se podía beber y comer a precios accesibles. Hasta su cierre, hace unos pocos años, la barra, las paredes, la entrada, los techos y los pisos estaban adornados con recuerdos antiguos aptos para nostálgicos, melancólicos y aficionados.

Los padres más jovatos y los abuelos, recuerdan con emoción cientos de anécdotas y andanzas de cualquier noche en el Delta. Allí, muchos conocieron a su primer amor. Otros fueron encontrados de trampa y más de uno forjaron amistades entrañables.

El bowling

Otro clásico es (porque aún está abierto), sin dudas, el Bowling, que funciona desde 1969 en un amplio subsuelo de Av. San Martín 950 de Ciudad. Dispone de ocho canchas aptas para campeonatos, cinco mesas de pool, bebidas y comidas. Mantiene la gracia del bowling intacta. Padres que llevan a sus hijos e hijos que llevan a sus padres. El Bowling no entiende de generaciones.

El bowling tiene muchas virtudes: propone un juego sencillo y divertido, es apto para todas las edades, resulta económico, es inclusivo y no requiere de mayores requisitos ni destrezas. Eso sí, se recomienda usar calzado con suela de goma para no resbalar. En el caso del pool, la precisión en el tiro, el equilibrio y la concentración pueden volverlo menos atractivo para quienes no se han probado nunca, aunque aprender es fácil, dicen los que saben.

Históricos torneos

Tanto el pool como el bowling eran los juegos perfectos para competir y apostar. Luego fueron reemplazados por el padel y el fútbol 5. Las rivalidades eran extremas. Amistades inquebrantables fueron rotas de un segundo para el otro, de una chuza a otra. Con una bola negra que entró en el hoyo cuando no debía, o con una bola servida que el compañero no pudo embocar.

Hubo equipos reconocidos en toda la Ciudad. Los Gatos, cuentan los memoriosos, fueron los más temibles del bowling. Mientras que, All In se hacía llamar la pareja más temible sobre el verde paño del pool. Las apuestas estaban al corriente. O por dinero, o por pagar los tragos y la comida consumida. Siempre se jugaba por algo.

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