El llamador era una pieza de bronce, generalmente con la forma de una mano sosteniendo una bola, ubicado en el lado derecho de la puerta de calle. Se lo golpeaba varias veces sobre un vástago de hierro insertado en la puerta para ser reconocido por los habitantes de la casa, ya que cada uno lo hacía de una forma determinada para identificarse.
Su sonoridad no alcanzaba a oírse en toda la casa chorizo. En esos casos, era más eficaz el timbre a pilas, unos pesados cilindros de 6 centímetros de diámetro por 20 centímetros de altura con la misma capacidad que las actuales pilas AA, pero de una duración más prolongada. No eran comunes y su sonoridad disminuía a medida que se agotaba la pila. Se colocaban en una caja de madera a varios metros de altura. Pasaron los años y las pilas fueron reemplazadas por la electricidad de la red, aumentando significativamente la intensidad del sonido.
El llamador con forma de mano desaparecióde la mayoría de las puertas de la ciudad. Todavía quedan algunos pocos, como testimonio de aquel Buenos Aires de ayer.
Soy Odontólogo, Médico Oncólogo y Periodista Médico. Fui Presidente del Primer Congreso Internacional de Periodismo Médico. Actualmente integro la CD de SAPEM (Sociedad Argentina de Periodismo Médico) con sede en la Asociación Médica Argentina. Enamorado de la ciudad de Buenos Aires, registré en el Blog "El Buenos Aires que se fue", personajes, viñetas y hechos ocurridos en la primera mitad del Siglo XX. Trabajé en Radio Nacional en la producción y conducción de los programas "Salud, Periodismo en Acción" y "De todo un poco y de aquello, también". En 97.9 Cultura: "Salud, Periodismo en Acción", "Música, Recuerdos y Algo Más" y "Tango y Cultura Porteña". Este último nominado al premio "Faro de Oro", como mejor programa cultural.