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Las inolvidables tardes de fútbol

Pintura de una tarde de fútbol de ayer... ¿tan distinta a las de hoy?
Entretenimiento
15 noviembre, 2019

Los hombres asistían a la cancha de fútbol con traje, corbata y sombrero. Las mujeres se destacaban por los colores de su vestimenta. Era fácil identificarlas, porque el colorido era un chispazo en medio del gris amarronado predominante en el resto de las tribunas. Los pibes también vestían decorosamente.

Llegar al estadio era como ir a una fiesta, a pesar de lo cual las discusiones, trompadas y forcejeos no faltaban casi nunca. Poco antes de iniciarse el partido, llegaba la policía con sus perros y la brigada lanza gases, que siempre eran recibidos con una silbatina general.

La entrada de los equipos motivaba que algunos pibes, saltando de las tribunas o superando los alambrados, se acercaran a sus héroes para participar de la fotografía previa al partido. Solía ocurrir que el cuidador de la cancha les largara a los perros ovejeros para perseguirlos hasta que volvieran a la tribuna.

Eran épocas en las que no había radio portátil. La única forma de conocer los resultados en las otras canchas, era mediante el tablero Alumni. En el sitio más visible de la cancha existía un tablero con chapas intercambiables de colores rojo, azul, amarillo,donde figuraban letras y números. La letra identificaba el equipo y el número al resultado. Era la clave Alumni, cuyo manejo se hacía a través de la Revista Alumni, que contenía todos los significados de las letras y colores; costaba 10 centavos y era el único medio para seguir los partidos en cada cancha. Pero un día apareció la radio portátil Spica y el tablero y la revista Alumni dejaron de existir.

La Voz del Estadio informaba la constitución de los equipos y el nombre del referí, pero también la presencia en la cabina de transmisión de algún niño extraviado, o solicitaba al conductor de un determinado vehículo que lo había dejado estacionado en un sitio prohibido, o con las luces encendidas. También se oían tandas publicitarias que incluían a Geniol, pilotos Aguamar, Pulmosan.

Los vendedores ambulantes, a expensas de una buena gimnasia de subir y bajar escaleras, vendían vasos de Toddy caliente a 10 centavos, caramelos alpinos, masticables “chuenga”, helados, sandwiches y gaseosas. Pero a la salida de la cancha había otras ofertas tales como “la pizza de cancha”, esa rueda enorme y chata con tomates y anchoas; empanadas Rey y Rivadavia, de carne o dulce de membrillo; sandwiches de chorizo, gaseosas como el Naranjín, Naranja Bilz, Crush, o Tónica Cunnington.

Los jugadores no se concentraban, salvo excepciones. Entrenaban dos veces por semana y alternaban el fútbol con su trabajo. No eran épocas de contratos millonarios ni estrellas devotos de los medios de difusión. Eran más humildes y quedaron en la historia del fútbol como estrellas indiscutibles.

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4 Comentarios to “Las inolvidables tardes de fútbol”

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