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¡Feliz día del canillita!

¿Por qué se celebra el día del canillita el 7 de noviembre? ¿Qué tiene que ver la fecha con el teatro argentino y, más precisamente, con Florencio Sánchez?
Nostálgicos y Apasionados
09 diciembre, 2019

Hoy es el día del “canillita” (para los lectores de otras latitudes aclaro: en Argentina se le dice “canillita” o “canilla” a los repartidores de diarios). Así que desde Ser Argentino queríamos saludarlos por el sacrificado y responsable laburo que hacen aunque llueva, truene, haya paro de transportes o se caiga el mundo abajo. Pero hay una duda que incluso muchos de ustedes tendrán y es la siguiente: ¿por qué se eligió el 7 de noviembre para homenajearlos?

La respuesta es apasionante, yo, por lo menos, no me la veía venir: porque el 7 de noviembre de 1910 falleció el enorme dramaturgo Florencio Sánchez (quizás su obra más conocida sea M´hijo el dotor. ¿Y qué tiene que ver Florencio Sánchez con los canillitas? Veamos.

El canillita como personaje de ficción

El 1 de octubre de 1902, en el Nuevo Teatro Politeama de Rosario se estrenó la obra de teatro Canillita, escrita, como ya se habrán imaginado, por el autor uruguayo. El protagonista era un “pibe” de quince años que trabajaba de algo bastante nuevo pero que se expandía cada vez más: vendía diarios en las esquinas. Hasta ese momento, los lectores debían adquirir sus ejemplares directamente en la imprenta. Los “niños vociferantes” (la estrategia de marketing estaba copiada de Estados Unidos) acercaban el producto a la mano del comprador, lo que funcionaba bien: los diarios se vendían más que nunca.

El protagonista de Canillita (algunos dicen que inspirado en un pibe real) iba de pantalón corto y estaba descalzo. Sus piernas eran largas y delgadas. Para enfatizar la caracterización, que demostraba de manera muy clara y eficaz la pobreza y la soledad del personaje, Sánchez le agregó el apodo: el pantalón, chico para su tamaño, le dejaba las canillas a la vista. Por eso lo llamaban “Canillita”.

La obra, convertida en un éxito rotundo, no tardó en llegar al teatro porteño. Como no podía contratarse a un niño real, el papel de “Canillita” lo hizo la actriz Blanca Podestá. Las críticas fueron una mejor que otra. El boca a boca explotó. Todos hablaban de la nueva obra.

A tal punto fue un éxito que decidieron hacer una función especial (gratis) para los canillitas reales, que en su gran mayoría no podían pagarse una entrada. Hay diarios de la época que cuentan que colapsó la sala y que tuvo que intervenir la policía para calmar los ánimos. El productor de la obra, con buen criterio, apaciguó las aguas agregando otras dos funciones gratuitas. Cuentan que no fueron pocos los canillitas que la vieron más de una vez. En muchos casos, quizás, haya sido la primera obra de teatro de sus vidas, las que les permitió entrar al mundo del arte.

A partir de ese momento quedó instalado en el léxico popular la palabra “canillita” para referirse al oficio. Pero tendrían que pasar otros cuarenta y cinco años para que, el 7 de noviembre de 1947, el gobierno de Perón decretara el Día del Canillita en honor al gran dramaturgo uruguayo pero, por sobre todas las cosas, a todos los canillitas del país.

Quiero cerrar la nota pidiéndole permiso a los lectores para mencionar una cuestión personal. Mi viejo, que hoy ya no está conmigo, se pagó sus estudios universitarios (fue el primero de toda mi familia en poder acceder a la Universidad) laburando de canillita. Así que este homenaje me toca de manera muy profunda. ¡Feliz día canillitas! Y ¡feliz día, papá, estés donde estés!

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