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Árbitros ingleses en el fútbol argentino

Las penas son de nosotros, los árbitros son de afuera.
Nostálgicos y Apasionados
21 agosto, 2019

Como consecuencia de los malos arbitrajes locales, la Asociación del Fútbol Argentino contrató, en el año 1948, árbitros ingleses para dirigir los encuentros de primera división. El 27 de octubre de 1946, San Lorenzo le ganó a Newell’s 3 a 2 en Rosario y el público local invadió la cancha, disconforme con el arbitraje de Osvaldo Cossio. A la salida del estadio, fue agredido en el Parque Independencia, recibiendo todo tipo de golpes, mientras los hinchas enardecidos se prepararon para lincharlo con un cinturón de cuero, hecho evitado por la actitud de tres soldados.

Primero llegaron los señores Hartles, −el más popular−, Dean, Provan, Gibbs, Gregory, Corx, White y Brown. Más adelante, se agregaron Maddison, Berry, Cross Crawford, Mackena y Wilbraham. Los resultados de su actuación se apreciaron en la posición de los equipos en la tabla.

Los árbitros comenzaron a cobrar penales que los argentinos dejaban pasar. La primera rueda tuvo un desarrollo sorprendente ante la aparición de los equipos “chicos” en los primeros puestos. En 1949, Platense salió segundo y Boca se salvó del descenso en la última fecha. En 1951, Banfield jugó la final con Racing. A pesar de las dificultades con el idioma, impusieron la autoridad del juego aplicando el reglamento con equidad. La idea de mejorar y superar errores que condenaban a varias instituciones se logró en algunos momentos, pero al final no funcionó. Si bien durante 10 años los pitos ingleses manejaron el destino de cada club marcando diferencias con los árbitros argentinos, también fueron discutidos y rechazados.

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