Skip to main content

¿Nos pone contentos el fracaso del otro?

¿Por qué nos genera envidia el éxito de cualquiera que no forme parte de nuestro círculo íntimo?
Así somos
nos genera envidia el éxito de cualquiera que no forme parte de nuestro círculo íntimo?
22 marzo, 2019

El otro día, mirando un partido de fútbol (mirando el compacto en realidad, no tengo el codificado por cuestiones casi morales), vi algo que me marcó muchísimo. De hecho, en el instante posterior a haberlo visto dije “esto es una nota para Ser Argentino”. Ya ven lo presentes que los tengo, mis queridos lectores. Espero que ustedes también me tengan ese cariño. Les recuerdo que mi cumpleaños es el 24 de enero, pero acepto regalos retroactivos.

En fin, el tema fue así. No recuerdo el partido, creo que era Newell´s−San Lorenzo. Hizo un gol uno (creo que Newell´s) y dentro de todos los planos que podría haber elegido, el director de cámaras se quedó con un primer plano de la cara, decepcionada, claro, de Almirón (para algún caído del catre, es el técnico de San Lorenzo). Lo que pensé casi que cae de maduro: ¿es posible que los argentinos disfrutemos más del sufrimiento ajeno que de la alegría ajena?

Pensemos que para lograr una imagen así no hay lugar para la improvisación: el director de cámaras un poco sí improvisa, pero supeditado a las imágenes que le ofrezcan sus compañeros camarógrafos. Es decir, tiene que estar hablado en alguna reunión de producción que, de haber un gol, una cámara debe hacerle un primer plano al técnico que lo haya recibido. Está premeditado. Es un modus operandi. Y ya no me refiero a la famosa frase de que “un hincha de River (por poner un ejemplo, se da en todos los cuadros) prefiere que pierda Boca a que gane River”, lo cual, si bien es una actitud mezquina y un tanto idiota es, dentro de todo, esperable.Me refiero a algo mucho más profundo.

El razonamiento siguiente me dio un poco más de escalofríos: ¿los medios accionan de ese modo porque detectaron que la gente piensa así o la gente piensa así porque los medios le moldearon la cabeza? ¿Desde cuándo como sociedad nos pone contentos el fracaso de cualquiera que no sea nosotros? En este último tiempo lo noté hasta en mi grupo de amigos (no sé si antes sucedía y no me había dado cuenta o si es un fenómeno reciente). En el caso de mis amigos, no podría decir que se ponen contentos con el fracaso ajeno, pero sí que los éxitos del otro les generan más envidia que alegría. Ojalá que me esté equivocando. Porque, de ser así, creo que nos vamos a meter en una espiral de frustración y destrucción del entramado social de la que no vamos a poder salir.

Hipólito Azema nació en Buenos Aires, en los comienzos de la década del 80. No se sabe desde cuándo, porque esas cosas son difíciles de determinar, le gusta contar historias, pero más le gusta que se las cuenten: quizás por eso transitó los inefables pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Una vez escuchó que donde existe una necesidad nace un derecho y se lo creyó.

Valoración: 5.0/5. De 1 voto.
Votaste 5, 1 semana antes. You can change your vote 5 more times.
Espere por favor...

Comentarios

También te puede interesar