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Los cadáveres que no se pudren

Tema de la semana: ¿por qué maltratamos tanto a los ancianos?

Así somos
Los-cadáveres

En esta última nota de la serie del tema de la semana (pueden ver la primera acá y la segunda acá), quiero correrme un poco del análisis de por qué los argentinos despreciamos y maltratamos y subestimamos tanto a los ancianos para tratar de hacerme preguntas más concretas. En primer lugar, ¿cómo vamos a hacer cuando los viejos –por lo menos lo que hoy entendemos como “viejos”− sean el porcentaje más importante de la sociedad? Hay una novela de Bioy Casares que se llama Diario de la guerra del cerdo, que recomiendo enfáticamente y puede iluminar un poco este interrogante. Pero más allá de eso, hay datos concretos que creo merecen les prestemos atención.

En primer lugar, la expectativa de vida. Hay un viejo mito urbano (que se reproduce cada vez más) que dice que el hombre que vivirá mil años ya nació. Se basa en el siguiente postulado (erróneo, pero útil para pensar): la ciencia avanza a pasos descontrolados, en un siglo conseguimos más innovaciones que en los treinta anteriores. Por ende, la expectativa de vida hace lo propio: en 1900 era alrededor de los 55 años y hoy es de 70. Es un cambio infernal. Los especialistas afirman que en 2100 debería superar los 120 años. Pero entonces, supongamos que una persona nace este año, cuando llegue a los 70, ya se va a haber corrido la línea a, digamos, 120. Cuando llegue a 120, a 150. Y así sucesivamente. Insisto en que científicamente no tiene asidero, pero es útil para pensar en que, sea cual sea el número, los seres humanos vamos a vivir cada vez más años. Y ese fenómeno viene acompañado de otro quizás aún más preocupante: las sociedades avanzadas (en especial las europeas) están teniendo graves problemas de natalidad. Los jóvenes directamente no quieren tener hijos (prefieren dedicarse a su vida profesional, o a viajar, o a, simplemente, disfrutar de su libertad), entonces se están generando verdaderos cuellos de botella en términos previsionales: hay cada vez más gente cobrando jubilaciones y cada vez menos población económicamente activa aportando. En algún momento la ecuación no va a dar más y, sencillamente, los Estados se van a tener que hacer cargo de sus viejos. En ese punto la guerra ya no va a ser conceptual, va a ser económica y, ahí sí, agarrémonos. Porque se va a complicar en serio.

Un último comentario. Investigando para esta nota me enteré de que se está produciendo un fenómeno muy particular: como consecuencia de la cantidad de conservantes que comemos (la gente ya no hierve un choclo, prefiere comprar una lata), los cadáveres tardan mucho más tiempo en descomponerse. Es decir, como civilización hemos logrado que no se nos pudran los muertos. Lo que todavía no logramos, lamentablemente, es que no se nos pudran los vivos.

Fecha de Publicación: 12/01/2019

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