Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Yiya Murano, “la envenenadora de Monserrat”

Yiya Murano es, sin dudas, la asesina serial más famosa de nuestro país. Conocé detalles de este caso que llegó hasta la mesa de Mirtha Legrand.

Si digo “María de las Mercedes Bolla Aponte de Murano” quizás no sepan de a quién me estoy refiriendo. Pero si digo “Yiya Murano” ya no quedan dudas. Estamos hablando de la asesina serial más famosa de nuestro país. La que ostenta el récord de ser la primera mujer en la Argentina este tipo de asesinatos: seriales. 

También conocida como “la envenenadora de Monserrat”, estuvo presa 16 años por haber sido encontrada culpable de tres homicidios. Aunque se mostraba como una persona muy cultivada y de buen pasar económico, la realidad es que no tenía educación formal y estaba en una constante bancarrota por comprar joyas e indumentaria con dinero que no tenía.

Yiya había nacido en Corrientes en 1930 en el seno de una familia humilde, su madre era ama de casa y su padre Teniente Coronel del Ejército. Nunca sufrió sobresaltos de dinero y aunque su familia quedó en la bancarrota a ella siempre le gustó vivir por encima de sus posibilidades y aparentar una posición económica que no tenía. 

Cuando los Aponte se mudaron a Buenos Aires, Yiya quedó maravillada con la ciudad. Al poco tiempo conoció al abogado Antonio Murano, quien después del casamiento le pidió que no trabajara y se quedara en la casa. Ella aceptó encantada. 

En marzo de 1979, Carmen Zulema del Giorgio Venturini (prima de Murano), murió de una manera un tanto extraña. Los médicos le diagnosticaron un paro cardíaco, pero algo no cerraba. El portero del edificio le dijo a la policía que mientras Venturini todavía agonizaba, Murano había llegado a visitarla y, al encontrarla así, le pidió al trabajador una copia de la llave del departamento para buscar la libreta de direcciones para avisar a los familiares. Revisando la casa, las hijas de Venturini detectaron que faltaban unos pagarés por bastante dinero, que su madre le había prestado a Murano para hacer un negocio financiero.

A pedido de la policía, se le realizó una nueva autopsia. Los peritos detectaron cianuro. Revisando el caso, encontraron las declaraciones del portero. No tardaron mucho en darse cuenta que todavía no hacía un mes de la muerte de Nilda Gamba, vecina de Murano. Algo empezó a ponerse oscuro cuando encontraron que Leila Formisano, otra amiga de Murano, también había fallecido en los últimos días. Pidieron exhumar los cadáveres para realizar una nueva autopsia. En todos los casos encontraron cianuro, otra similitud entre las víctimas era que Murano les debía una suma bastante importante de dinero. Al momento de la muerte estaban reclamando a su amiga que pagara las deudas de aquel negocio que les prometio y que no era más que una estafa. 

Yiya no hizo acuse de recibo, o sí, las invitó a tomar el té con masitas y las acompañó hasta el último suspiro. Dicen que era la que se mostraba más compungida y los velorios, la que más lloraba. Cuando llegó condena todos se quedaron perplejos de la frialdad de la mujer que lloraba a sus víctimas con más énfasis que sus deudos.

La caída de Yiya

En abril del 79 la policía detuvo a Murano en su casa de la calle México. Las pruebas eran contundentes, ella había sido la que ejecutó a las tres mujeres.  Le redujeron la condena por buen comportamiento y salió de prisión luego de 10 años. Se supo, como ironía del destino, que en señal de agradecimiento les mandó bombones a los jueces que intervinieron en su causa. No se sabe si alguien los probó. Toda su vida insistió con su inocencia.

Una vez fuera de la cárcel se volvió a casa no una, sino dos veces. La primera vez se casó con un pobre hombre que no sabía que ella era la famosa envenenadora, se enteró cuando Murano fue a comer a los de Mirtha y entre risas le confesó que tenía un nuevo amor. A la diva de los almuerzos también le regaló masitas, repitiendo el paso de comedia que ya había tenido con los jueces de la causa. Legrand no tocó el regalo “no como porque engordan” dijo nerviosa. 

La segunda vez, Yiya se casó con un viejito ciego de 82 años. Se empezó a llevar mal con la hija de éste que en 2008 la denunció. Según el testimonio de la joven la quiso envenenar con un plato de fideos con manteca. Nunca se pudo comprobar. Murió en abril de 2014 en un geriatrico sin recordar ni quién era.

 

Rating: 3.50/5.