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Una historia de irresponsabilidad que terminó en tragedia

Un hecho que suele ser invisibilizado, donde la irresponsabilidad causó una tragedia, ocurrió en Comodoro Rivadavia en febrero del 53.

Comodoro Rivadavia, en el pasado, fue más que la Capital Nacional del Petróleo. La localidad al sur de la provincia del Chubut tuvo su propia historia ferroviaria: la unión con la ciudad costera Rada Tilly y otra que llegaba hasta la localidad vecina de Sarmiento, a 127 kilómetros. Todo comenzó con sueños de articular y facilitar la circulación de cargamentos pesados, luego se avanzó con pasajeros, pero todo tiene un final: el cierre definitivo de los ferrocarriles comodorenses fue por 1979 y por decisión del gobierno de facto comandado por Jorge Rafael Videla, por cuestiones de inviabilidad económica. En el medio de la historia, ocurrió el desenlace catastrófico del tramo Comodoro-Punta Piedras, que ocasionó la eliminación de una historia cada vez más desconocida por los comodorenses y toda la provincia.

El domingo 15 de febrero de 1953, el tren realizaba su recorrido habitual: luego de un día caluroso de playa, volvía desde la Estación Rada Tilly, pero una consecución de malas decisiones terminó con la vida de 23 personas y casi 50 heridos. Horas y días más tarde, se confirmarían un total de 36 fallecidos y 65 con lesiones diversas derivadas al Hospital Municipal de Comodoro, el Hospital de Astra y el sanatorio Napolitani.

El Coche Motor Nº 52 tenía capacidad para poco menos de 50 personas: ese día viajaban 100. La velocidad de 80 kilómetros por hora era muy alta para una curva pronunciada: a la altura de la “playa 99”, específicamente en el sector conocido como “sulfa” –actualmente donde se encuentran los galpones de Sagosa, barrio Stella Maris en la ciudad petrolera–, el vagón se descarriló y su caída fue de más de 40 metros. Gran parte de la estructura del coche se deshizo y sus pasajeros quedaron desparramados por el barranco o aplastados bajo las ruedas y lo que era el piso del tren.

Ramón Jesús Miguez, un hombre que vio el momento del accidente, contó que “fue algo terrible: el coche estaba con las ruedas para arriba. Había gente que permanecía con los cuerpos apretados por los asientos, debatiéndose en medio de una gritería que hacía enmudecer, que paralizaba de toda acción”

A menos de dos meses de su inauguración, cuarenta y seis días para ser exactos, se volvió un recuerdo triste y casi invisible: es que este medio de transporte utilizado primeramente para carga de piedras, y luego con finalidades turísticas, nunca más volvió a funcionar. Su final trágico se conceptualizó con el motorman encarcelado y juzgado por la conducción a altas velocidades y, además, porque habría estado alcoholizado; y con una historia ferroviaria que nunca pudo recuperarse hasta que desapareció y fue vendido como chatarra hace 25 años. 

Aunque fue corto su tiempo de funcionamiento, el Drewry, más conocido como “chanchita”, marcó un hito en la cotidianidad de Comodoro y sus lugares aledaños. Ese sobrenombre se lo pusieron los pobladores: en alusión a su forma y su incomodidad particular. Se formaron parejas y hasta una asociación (Detrás del Puente) para el recuerdo de ello. Es que el tren no solo fue transporte de carga y pasajeros, sino también la identidad de un barrio, el del Kilómetro 5, permitiendo distintos vínculos tanto familiares, como amistades y laborales. El foguista, el guarda en la máquina, el jefe de estación, los empleados de los talleres y “hasta el kiosco de don Robledo, una figura emblemática para quienes recuerdan esa hermosa época en Kilómetro 5”, dicen quienes participan de la asociación, con el objetivo –además– de recuperar la vieja y abandonada Estación Talleres, para fomentar la historicidad y contención de las personas a través de una biblioteca y una revalorización del patrimonio histórico comodorense.

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