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Una desaparición sin resolución

Te contamos todo sobre la desaparición de Nicolás Sabena. La historia de un joven con retraso madurativo y la búsqueda incansable de su madre.

Lo peor de nosotros
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Nicolás Sabena era un joven de 21 años con un retraso madurativo. Su madre, Rosa Sabena, una luchadora incansable que nunca paró de buscarlo. Todo comenzó en septiembre de 2008. El lunes 1° de ese mes Rosa Sabena y su hijo Nicolás discutieron. La pelea surgió porque Rosa percibía que Nico había empezado a salir mucho de noche, volvía a su casa tarde y al otro día no quería despertarse para ir al taller mecánico en donde trabajaba con su papá. En medio de esas exigencias y reclamos, su madre le dijo que si no iba a presentarse a trabajar o acatar las reglas de la familia era mejor que se fuera de la casa. Fue a modo de advertencia o de llamado de atención. Nunca pensó que Nicolás efectivamente se marcharía para siempre y no volvería nunca más. Esa fue la última vez que se vieron. 

Reconstrucción de los hechos

Para ese momento, el joven tenía  21 años, pero su retraso madurativo hacía que razonara y se comportara como un adolescente de 15 o 16. Nico, entre sus andanzas y su descubrimiento del mundo, hizo un nuevo amigo que su familia no conocía. Para esa época, además estaba enamorado de una mujer casi 10 años mayor que él. Estos datos fueron unidos por la familia del joven durante su búsqueda, con datos de fragmentos de conversaciones íntimas que Nico tuvo con algunos de sus familiares. 

Seguir en contacto

Los días siguientes a la discusión, Nicolás habló por mensajes de texto con su hermano menor y volvió algunas veces a su casa cuando no había nadie para buscar ropa. A su hermano le decía que estaba bien, que estaba parando en la quinta donde vivía la familia de su nuevo amigo. Era la quinta de los Vargas, se sabría después. El 14 de septiembre Rosa intentó comunicarse una vez más con su hijo, pero el teléfono de Nicolás dejó de funcionar: Me dijeron que el chip había sido extraído del aparato y ahí ya me di cuenta, mi corazón me decía que a mi hijo le había pasado algo grave”.

Rosa nunca más supo dónde estaba su hijo ni qué había pasado. Eran muchos interrogantes y pocas respuestas.

Una madre como el ave fénix

En 2010, Rosa se hartó de esperar y de sentirse estafada por los mismos profesionales que pretendían resolver el caso. La investigación era muy lenta, las medidas y los allanamientos nunca funcionaban. Como por arte de magia, siempre desaparecían las pruebas, nunca llegaban a tiempo. Rosa comenzaba a percibir que el principal sospechoso, José “Pepe” Vargas Parra, tenía un vínculo estrecho con la policía. Además, la quinta de los Vargas era de muy difícil acceso y rodeada de una treintena de perros dogo entrenados por ellos. Más adelante, gracias a un informe de entrecruzamiento de llamadas, Rosa descubrió que había policías de Río Cuarto que protegían a la familia Vargas.

Ilusiones rotas

Durante todo ese tiempo, Rosa recibió llamadas de números de distintas provincias donde le brindaban pistas falsas del paradero de su hijo. Recorrí toda la Argentina buscándolo. Eran los Vargas que me llamaban y me decían que mi hijo estaba en San Luis, en Mar del Plata, en San Juan, en Santiago del Estero. Era tal la desesperación que íbamos y lo buscábamos. A una madre que le falta su hijo no hay quien la detenga, no hay miedo, no hay nada”, cuenta. Esa fuerza es la que tuvo siempre y que aún no se apaga al igual que la luz de su esperanza y su hambre de justicia.

Ponerse en acción

“Decidí ponerme a estudiar Derecho para hacerme cargo de la causa porque acá los abogados no quieren ir en contra del poder político, judicial o policial. A mí no me importan ni me dan miedo, yo estoy buscando a mi hijo y voy a buscar justicia por él hasta el último día de mi vida”.

En 2011 decidió estudiar Derecho para tomar las riendas de la causa. A sus 60 años, Rosa Sabena se recibió y comenzó a ejercer e intervenir como abogada en su propia causa. Recibió su título en solo 4 años y medio. En marzo de 2017 fue distinguida como Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Esta distinción le fue otorgada por brindar asesoramiento y tomar casos de otras familias que se acercaban a ella con situaciones parecidas.

¿Justicia?

El 15 de septiembre de 2008, “Pepe”  Vargas había sido detenido, pero no estaba acusado de la desaparición de Nicolás. “Vargas vio el patrullero desde su auto y empezó a huir. (...) Lo encontraron adentro del garaje, escondido detrás de unas cajas, y se resistió a que lo agarren, hasta golpeó a los policías. (...) Horas después los policías Salinas y Pereyra lo liberaron sin ningún cargo, ni siquiera resistencia a la autoridad. Ese mismo día, el día que según Vargas mi hijo se fue de su casa mientras él estaba durmiendo, él estaba detenido”.

Seis años más tarde, en septiembre de 2014, Vargas fue encontrado culpable de la desaparición de Nicolás. La Cámara del Crimen N° 2 de Río Cuarto lo condenó a 18 años de prisión por el delito de “privación ilegítima de la libertad coactiva agravada por la participación de tres o más personas”. También fueron condenados como coautores sus dos hijos, José “Yaca” Vargas Flores y Lucía “Cori” Vargas Flores con penas de 17 y 16 años respectivamente. La mujer de “Pepe” Vargas, Ade­li­na Inés Flo­res, estaba igualmente involucrada en la causa, pero murió un año antes de ser juzgada. En 2017, el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ratificó las sentencias. A pesar de no haber estado recibida todavía, Rosa asistió como auxiliar a su abogado.

La sensación de que falta algo

La familia Vargas se encuentra en la cárcel, pero a Rosa todavía le faltan respuestas. “Cuando por primera vez me llegó el dato de que mi hijo había estado con los Vargas fui hasta la quinta, lo enfrenté”, recuerda ahora. “Le pregunté directamente qué había hecho con mi hijo. En ese momento bajó la cabeza y no me supo responder. Ahí me di cuenta, en su mirada, que ellos lo habían matado”.

La lucha sigue...

Y sí. Todavía faltan respuestas. Próximamente se llevarán a cabo los juicios contra dos policías por encubrimiento. Y Rosa actuará como querellante. Los juzgados serán Nancy Salinas, la suboficial de la Policía de Córdoba del área de Investigaciones y el exjefe de policía de Río Cuarto Gustavo Oyarzábal. Los dos acusados de encubrimiento agravado, ya que hay pruebas de escuchas y testimonios del encubrimiento por parte de estos agentes. 

La desaparición de Nicolás no es un caso particular y aislado. La fuerza de Rosa Sabena, sí. Su lucha por la desaparición de su hijo pudo arrojar luz sobre muchísimos casos. Y, además, desenmascarar un sistema corrupto que se carga vidas diariamente. Esta mujer de Río Cuarto es un ejemplo de perseverancia y la máxima expresión del amor sin fronteras. El deseo de hacer justicia por su hijo superó cualquier sentimiento negativo de miedo, temor, angustia e incertidumbre. Su lucha aún sigue. Nosotros la acompañamos.

Fecha de Publicación: 13/11/2020

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