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Robledo Puch: el mayor asesino serial del país

Robledo Puch: el "Ángel negro" que con menos de 20 años ya había cometido 11 homicidios.
Lo peor de nosotros
14 octubre, 2019

Su nombre completo es Carlos Eduardo Robledo Puch, y, condenado a prisión perpetua con solo 20 años, es considerado el asesino serial más famoso del país. Si bien se supone que algunos de sus crímenes quedaron impunes por falta de pruebas, los que sí se pudieron probar legalmente (y por ellos está condenado) son nada más y nada menos que diez homicidios calificados, un homicidio simple, una tentativa de homicidio, diecisiete robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos. Y todo eso, insisto, con menos de 20 años. Mamita.

Robledo Puch y su recorrido por la muerte

Corría la década del 70. El 15 de marzo de 1971, Robledo Puch y Jorge Ibáñez (su cómplice en la mayoría de los crímenes, quien goza de menos fama que el “Ángel de la muerte” porque murió en un evento bastante extraño), entraron a un boliche de La Lucila llamado Enamour. Se llevaron la recaudación y, al momento de huir (Robledo sigue afirmando al día de hoy que no sabe por qué lo hizo), disparó contra el sereno y el dueño del lugar mientras dormían.

Menos de dos meses más tarde, entraron a robar a un local de repuestos de autos en Vicente López. Buscando dinero y objetos de valor, encontraron en una habitación a una pareja con su hijo recién nacido. Robledo Puch asesinó al hombre e hirió a la mujer. Herida y todo, Ibáñez intentó violarla y no pudo porque Robledo se lo impidió. ¿Les parece que tenía un costado bueno? No estén tan seguros: antes de huir con una pequeña fortuna, disparó a la cuna donde lloraba el bebé. Por suerte no tenía tan buena puntería: erró el tiro y el niño sobrevivió.

El 24 de mayo asesinaron a otro sereno, esta vez en un supermercado de Olivos. El 12 de junio, secuestraron a dos mujeres a las que Ibáñez violó y Robledo Puch ejecutó al costado de una ruta. El 5 de agosto Ibáñez murió en un accidente de autos. Robledo, que manejaba, huyó ileso. Hasta el día de hoy se sospecha que en realidad fue una víctima más del “Ángel”. Parece que este evento lo impactó y frenó su carrera delictiva.

La historia continúa

Pero no. En noviembre del mismo año ya tenía un nuevo cómplice: Héctor Somoza. Asaltaron un supermercado de Boulogne y dispararon contra el sereno (¿qué tendría contra los serenos?) con una pistola que habían robado de una armería y dos días después robaron un auto y dinero de una concesionaria, matando, cuando no, al sereno. Una semana después, otra concesionaria. Pero este hecho sí fue distinto y de alguna manera rompió lo que se venía dando: además de matar al sereno, Robledo terminó con la vida de Somoza y, para evitar que la policía lo reconozca, le quemó la cara con un soplete. Luego (o antes, vaya a saber), con el mismo soplete abrió la caja fuerte, agarró la plata y se fue.

El 4 de febrero de 1972 fue detenido. ¿Cómo dieron con su identidad? De la manera más extraña: se tomó el trabajo de quemarle la cara a Somoza, pero olvidó su documento en el bolsillo del cadáver. Hacía muy poco había cumplido 20 años.

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