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Que no se nos vaya de las manos

Pensemos en el país que le queremos dejar a los que hoy todavía no tienen las herramientas para discernir el bien del mal.
Lo peor de nosotros
23 abril, 2019

Lo que voy a narrar sucedió en la localidad de San Francisco de Laishí, en la hermosa y lamentablemente poco conocida provincia de Formosa. Dos menores de edad se pelearon (traté de rastrear las causas pero no pude encontrarlas) el martes pasado a la tarde. Para ser más precisos, cerca de las 5 de la tarde. Uno de ellos, de sólo 14 años (me pongo a pensar en cómo era mi vida a los 14 años y no puedo creer que alguien de esa edad pase por algo así), producto de los golpes entró en coma y un poco más tarde murió. Los médicos de la guardia a la que fue llevado luego de que los vecinos avisaran lo que estaba pasando, no pudieron hacer nada. Ya era muy tarde.

Les juro que escribo esto y se me está cayendo una lágrima. El año pasado nació mi primer hijo, quizás eso tenga algo que ver. Lo veo como un ser que es pura emoción e inocencia, me lo imagino viviendo situaciones displacenteras y ya se me cae el mundo abajo. Esto no tiene punto de comparación, claro. Pero quizás sí lo tenga. Y si pienso por qué siento esta angustia en este momento, por qué pienso en él cuando escribo esto, es porque me siento responsable del país que le estoy dejando. En este momento es mi responsabilidad hacer lo que sea necesario para que él tenga las mejores oportunidades. Y una condición sine qua non es que no viva en un país (ni un mundo, pero eso ya me parece inmanejable) con ese grado de violencia.

¿Qué tiene que haber pasado para que un nene –a los 14 años sos un nene− mate a otro a piñas? ¿Qué ejemplos tiene en la casa, en el colegio, en la televisión, en los noticieros? ¿Qué mensaje le bajan los políticos, los periodistas, los personajes influyentes que opinan que al que no piensa igual hay que eliminarlo? ¿Cómo llega alguien como Bolsonaro a lograr esa cantidad impresionante de votos? ¿Cómo llega un programa de televisión que destila odio a tener las impresionantes cuotas de rating que tiene?

Cuidado con los mensajes que damos, no sólo en términos verbales sino, sobre todo, en acciones. Hay mareas que una vez desatadas no se pueden frenar. Hitler llegó al gobierno con votos, nunca nos olvidemos de eso. Pensemos en el país que le queremos dejar a los que hoy todavía no tienen las herramientas para discernir el bien del mal. Es nuestra responsabilidad.

Hipólito Azema nació en Buenos Aires, en los comienzos de la década del 80. No se sabe desde cuándo, porque esas cosas son difíciles de determinar, le gusta contar historias, pero más le gusta que se las cuenten: quizás por eso transitó los inefables pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Una vez escuchó que donde existe una necesidad nace un derecho y se lo creyó.

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