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Próvolo: el más aberrante caso de abusos de nuestra historia

Chicos sordos del Instituto Antonio Próvolo fueron abusados sexualmente durante años. El caso conmocionó a la sociedad a nivel local e internacional. Los acusados recibieron una condena ejemplar.

Mendoza resultó escenario del caso de abuso sexual de menores, por parte de miembros de la Iglesia, de mayor repercusión de los últimos tiempos en Argentina. Un caso que se ubica detrás de otro igual de aberrante, el del padre Grassi. El sucedido en Mendoza dió en llamarse el caso Próvolo, donde un grupo de curas que dirigían ese instituto religioso, abusaban sexualmente a chicos, estudiantes menores de edad e hipoacúsicos.

Los hechos transcurrieron en el instituto Antonio Próvolo, de esa provincia. Las víctimas: niños que dormían y pasaban días y días sin ver a sus familiares, ni recibir visitas. El blanco perfecto de un grupo de religiosos perversos que se aprovecharon de la situación, para lograr sus macabros objetivos con total impunidad. En total, se contabilizan más de 20 víctimas y la causa llegó a tener casi 15 imputados.

El caso tomó repercusión a nivel internacional, dado que en otras sedes que este instituto tiene en otras partes del mundo, ocurrían las mismas prácticas, que solo la justicia mendocina se ha atrevido a investigar.

A lo largo del proceso judicial se supo que Nicola Corradi (principal acusado en la causa) ya tenía denuncias previas por abusos en la sede del Instituto Próvolo de Verona, Italia. La causa también sacó a la luz una investigación sobre la sede que el mismo instituto tenía en la ciudad de La Plata, donde Corradi fue director entre 1970 y 1997. 

Las víctimas italianas del cura aseguraron que el Vaticano sabía que Corradi era un pedófilo pero, en lugar de apartarlo de su cargo, lo asignaban a otros institutos cada vez más alejados donde seguía cometiendo abusos. 

Datos del juicio

Tras investigaciones, cámaras Gesell, traductores de lenguaje de señas, peritajes, recolección de pruebas y declaraciones, la causa, finalmente, tuvo su juicio tres años después de la primera denuncia.

La primera denuncia la hizo Daiana Lizarraga, una joven hipoacúsica que había vivido en el instituto hasta los 18 años. Después de un episodio de depresión, decidió hacer la denuncia y contactarse con la vicegobernadora de Mendoza para contar lo que pasaba en el Próvolo. 

En un principio Daiana quiso denunciar lo que le contaban sus amigos y compañeros del instituto, un secreto a voces que todos los alumnos conocían pero no se animaban a contar a sus familias. Sin embargo, en su declaración se quebró y terminó contando que ella misma había sido víctima de los abusos. Su familia no lo supo hasta el día de la denuncia. 

Partiendo de esta denuncia se allanó la institución y se detuvo a media docena de empleados y sacerdotes. A medida que la causa fue avanzando, muchos alumnos y ex alumnos se animaron a testificar y contar su calvario. No se sabe con exactitud el número de víctimas, en el juicio se condenó a los responsables por 25 hechos pero se estima que hay muchos más que no fueron denunciados. Las víctimas tenían entre 4 y 17 años cuando ocurrieron los abusos, en muchos casos no podían contar lo que pasaba porque la institución evitaba enseñarles lenguaje de señas. Esto hacía que no pudieran comunicarse con sus padres, sobre todo los más pequeños. 

Por los hechos expuestos, el sacerdote italiano Nicola Corradi, de 83 años, el principal responsable del Instituto Antonio Provolo de Mendoza, cumple una sentencia de 42 años de prisión. Su segundo, el cura Horacio Corbacho, de 59 años, recibió una pena de 45 años de prisión. El jardinero del instituto, Armando Gómez, resultó condenado a 18 años de cárcel por abusar de dos menores.

En tanto, dos monjas, acusadas como partícipes necesarias en los abusos (una de ellas enfrenta cargos por presuntamente haber cometido abusos ella misma), esperan juicio por separado.

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