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Nueve muertes insólitas

Los detalles de uno de los peores accidentes automovilísticos de los últimos tiempos.

Un camionero viene manejando, tranquilo, un domingo a la tarde. En ese momento tan particular de la semana, cuando mucha gente en la ruta viene apurada para llegar a su casa y prepararse para la semana que está por comenzar, los camioneros son una raza aparte: para ellos es un día más. Quizás la única diferencia sea que la ruta está más llena de gente ansiosa y no sobran los buenos conductores.

Este camionero, que venía manejando tranquilo, llega a la intersección de las rutas 7 y 51, a la altura de Carmen de Areco. Una camioneta viene muy rápido y no respeta el paso. El camión no tiene tiempo para frenar, la camioneta choca el costado del camión. Hay una escena muy extraña que el camionero no llega a entender (no sé si algún día lo logrará). En la camioneta viajaban 16 personas (cómo se pueden imaginar, la mayoría en la caja). Nueve de esas personas murieron al instante. De esas nueve, cuatro son niños. De los cuatro, dos tenían menos de un año. Como se imaginaran, las víctimas fatales del choque fueron los que iban en la caja sin ningún tipo de seguridad y salieron despedidos contra el asfalto en el momento del impacto. El resto de los ocupantes de la camioneta sufrieron heridas graves y estaban internados con pronósticos de malos a muy malos. 

¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que alguien tenga semejante ausencia de respeto por la vida humana? ¿Qué te pasa en la cabeza para subir nenes a la caja de una camioneta, sacarla a la ruta, manejar rápido y no respetar el paso en un cruce? Ya no podremos saberlo, porque uno de los adultos muertos es el conductor. No vivió para hacerse cargo de su irresponsabilidad y de las múltiples leyes de Seguridad Vial que quebró. 

Juan Batalla, el camionero, está buscando argumentos para no pegarse un tiro. Lo dijo él, yo no estoy inventando nada. Es una víctima más del demente de la camioneta (de quien no quiero decir el nombre por una cuestión que no llego a entender ni yo mismo, pero si lo googlean lo van a encontrar fácil). Batalla no murió, pero la sensación que le quedó es bastante similar. Por el momento no sabe cuando va a volver a trabajar porque no está seguro de poder sentarse nuevamente detrás de un volante. Las secuelas que le dejó el accidente, a pesar de salir ileso, fueron tremendas. Confiesa que solo alcanzó a ver un cuerpo sobre el asfalto, pero eso le bastó para entrar en shock. Se enteró del resto una vez que declaró en la comisaría  porque uno de los oficiales le contó cuántas víctimas fatales hubo. 

El testimonio de algunos testigos es terrible. Todos hablan de una nube de polvo, gritos y confusión. También, claro, de cuerpos tirados en el asfalto. Cuerpos que no se mueven. De esos cuerpos, insisto, cuatro son cuerpos de niños.

En sus siete años de camionero, Batalla no había tenido ningún accidente. Todos los testigos oculares dicen que la impericia fue del conductor de la camioneta, quien no solo manejaba a una velocidad muy por encima de la máxima sino que además no respetó la prioridad que tenía el camión por venir circulando por una ruta nacional.

Batalla cuenta que no puede parar de llorar cuando se levanta a la mañana y tienen pantallazos del accidente, y que su hijo de dos años se da cuenta de lo que pasa y lo trata de contener. Quizás no sean solo 9 las víctimas de este accidente. Quizás la víctima número 10 es el propio camionero que no pudo evitar lo inevitable.

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