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No hay crimen perfecto

¿Crimen? ¿Accidente? ¿Rito? No sé si podremos saberlo. Lo único que me gustaría es que ese gurí descanse en paz.

En esta ocasión, damas, caballeros, les voy a comentar una noticia que sucedió en el barrio San Jorge de Posadas, Misiones. El tema es así: una señora se muda, acomoda sus petates, se toma unos mates y guarda cada cosita en su lugar. Quien haya experimentado mudanzas sabe que ese proceso no es precisamente fácil, ni corto, ni ameno. Pero bueno, esta mujer lo logra. Cuando ya tiene los muebles acomodados, los cubiertos en el primer cajón y  las cortinas instaladas, se dispone a disfrutar del hogar. Es entonces que decide dar un paso más en el camino del placer y se pone a remover un poco la tierra del fondo para armarse una huertita.

Al ratito de estar meta que te meta con la pala y el rastrillo, encuentra una olla. “Bien”, debe haber pensado (esto me lo imagino, claro) “la casa venía con elementos de cocina de regalo”, una lavadita y tenía la batería de cocina lista para usar. Sigue dándole a la tierra y encuentra una manta, ya a esta altura se empieza a poner rara la situación porque no se encontró precisamente con un tesoro. Al estirar la manta notó que adentro había huesos. Al mirarlos de más cerca, le parecieron humanos. Ya no estaba tan contenta. Así estuvo varios días con los huesos en la manta, porque del susto no pudo reaccionar. Esperó porque no sabía qué hacer con tan macabro hallazgo. Yo creo que si me pasara algo similar, enseguida corro a marcar el 911 y denunciar a la policía que mi jardín es un cementerio. Les rogaría que mandaran un patrullero inmediatamente porque, como hemos visto en miles de películas, una pila de huesos enterrados en el patio nunca es un buen augurio. Pero bueno, a esta señora le ganó la impresión. 

Después de unos cuantos días, uno de sus hijos la visitó para conocer la casa y la señora aprovechó para contarle lo que había encontrado. Este hijo, un poco más proactivo, metió todo en una bolsa y lo llevó a la policía. La investigación tiró unos resultados un poco escalofriantes. En la casa en la que ahora vive esta buena señora, que lo único que quería era tener unos tomates y unas berenjenas en el fondo para hacer unas conservas, hasta hacía no mucho tiempo había vivido una familia compuesta por dos adultos y varios menores de edad. Acá es donde se pone más fea la cosa porque la policía, luego de los peritajes, determinó que los huesos pertenecían a un niño y que habrían sido enterrados entre 6 meses y un año antes de que se mudara la nueva propietaria. Esa es la fecha aproximada en la que, según los vecinos, la familia anterior se habría retirado. Porque como sucede en estos casos, los vecinos siempre se acuerdan de esos “detallecitos” importantes cuando sucede algún siniestro. 

Apareció alguno que dijo que a los nenes los maltrataban, que era una familia que no interactuaba mucho con el barrio, todas habladurías que no condujeron a ningún lado. La investigación no arrojó mucho más, no se pudo dar con el paradero de la familia ni determinar la identidad del niño del que solo se conservan los huesos en la manta. 

Se que al querido lector le surgen las mismas preguntas que a mi ¿Crimen? ¿Accidente? ¿Rito? No sé si podremos saberlo. Lo único que me gustaría es que ese gurí descanse en paz. Y que si la familia no dijo nada porque el dolor los enmudeció, que ellos también encuentren paz. Eso sí, si la muerte fue por otro motivo, que paguen. Es todo lo que pido.

 

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