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Mientras nos matan…

La cuarentena es una situación casi paranormal. Un filme de terror para las víctimas de violencia de género. Mientras tanto, el mundo sigue girando.

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Mientras nos matan

El slogan “Ni una menos”, que representa al movimiento feminista, se deshace en pedazos cada vez que nos enteramos que matan a otra compañera. En el mes de marzo, mes del día de la mujer, llegamos a tener más femicidios que días. Parece mentira que, junto con los despertares de mujeres y disidencias oprimidas, aparecen más monstruos con el objetivo de dormirlas nuevamente. Y me corrijo, no son monstruos, son hijos sanos del patriarcado. Son hombres que nos rodean y frecuentan los mismos espacios que nosotras. Puede ser nuestro primo, nuestro tío o el novio de nuestra amiga. Son personas que se criaron en el mismo entorno que nosotras. Recibiendo la misma cantidad de exigencias, pero desde otro sentido. A nosotras, nos criaron como princesas indefensas. A ellos, como machos violentos. Hombres que necesitan reivindicar su virilidad y masculinidad a partir de la violencia. Seres que ejercen su hombría dejando sus deseos reales de lado, para demostrar qué es el macho argentino.

Mientras una era obligada a “sentarse bien” y saludar con besos, otro era castigado por llorar. Reñidos por demostrar vulnerabilidad. Mientras nosotras cuidamos –con toda la ternura de la infancia y el compromiso de una inminente mamá– bebés de plástico, ellos jugaban a la luchita: con patadas, rasguños y piñas. Mientras nosotras nos teníamos que lavar la boca con agua y con jabón si decíamos alguna grosería, ellos aprendían a proclamar –con orgullo– la palabra “puto” como insulto. De esas infancias inocentes pero sumisas al mandato patriarcal, nació esta sociedad. Nuestra sociedad argentina. Esta sociedad que hoy llora, todos los días, una desaparecida, una muerta, una mujer violada.

No es una película de terror

Los femicidas son reales. Son más de los que creemos y están más cerca de lo que quisiéramos. Son hombres de carne y hueso. Con sus trabajos, sus familias y su grupo de amigos. No son monstruos, no son locos, no son enfermos. Son personas que se criaron bajo el mismo sistema que todos nosotros. Mientras, en la tele, nuestros ídolos toqueteaban sin consentimiento a las estrellas del momento, ellos ya estaban ahí. Mirando la pantalla, naturalizando formas de violencia. Mientras Yayo, el reconocido humorista cordobés, violentaba en forma de chiste a las modelos que iban a su programa, ellos estaban del otro lado de la pantalla. Observando, viéndose reflejados, absorbiendo nuevas formas de maltrato.La violencia no es un chiste, y no se aprende sola.

Está en nosotros seguir reproduciendo esos micromachismos que devienen en asesinatos. Está en nosotros comenzar a cuestionar a nuestros ídolos. Transformar nuestros métodos de educación y enseñanza. Está en nosotros evitar que haya más mujeres como Mariela Natalí, Flavía Saganías o Claudia Basaldúa.

Nuevas infancias

A la violencia la mamamos desde chiquitos. Todos por igual. La idea de macho argentino es un estereotipo al que la mayoría de los hombres aspiran. Sin embargo, ¿qué implica ser un macho? Desde nuestros lugares podemos convertir esa idea. Hacerla más amigable. Que la idea del macho argentino ya no sea golpear la mesa y hacer un buen asado, sino participar en las tareas domésticas y ejercer paternidades responsables. Que el ser un buen macho argentino no incluya intimidar a mujeres en la calle, diciéndoles supuestos “piropos”, cuando en realidad es acoso, sino cuestionar al grupo de amigos cuando estén violentando a alguien.

Una nueva construcción de la masculinidad viene con nuevas infancias. Nuevos conceptos. Niños y niñas a los que se les permita expresar sus sentimientos tal y como quieren. A los que se les permita jugar a lo que desean, sin restricciones. Infancias libres. Donde el consentimiento sea enseñado. Donde la violencia no tenga lugar. El cambio empieza por nosotros. Por nuestro círculo más íntimo, desde la edad más temprana.

Y, vos, ¿querés cambiar?

Denunciemos

Si conocés a una persona que está en aislamiento con su agresor, intentá comunicarte todos los días, preguntarle cómo está y hacerte sentir cerca.

Para denunciar violencia de género en todo el país:

Línea 144

Para urgencias 911

En Córdoba: 0800 888 9898 es el Polo Integral de la Mujer en Situación de Violencia o (351) 814 1400.


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Fecha de Publicación: 12/05/2020

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