Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Mateo Banks: nuestro primer asesino múltiple

Te contamos la historia de Mateo Banks, el primer asesino serial de nuestro país. ¿Qué lo llevó a matar a gran parte de su familia?

Cuando hablamos de asesinos seriales (o multihomicidas) argentinos, nos vienen a la cabeza muchos nombres. Pero hay uno que no es tan conocido y que, de hecho, podría decirse que es quien “inaugura” el género en nuestro país. Estamos hablando de Mateo Banks y Keena.

Banks nació en la Estancia El Trébol (partido de Chascomús) en 1872. Chacarero de origen irlandés, se supone que fue la pérdida de su status social (relacionado, además, con un problema grave con el juego) lo que lo llevó, en 1922, a asesinar a ocho personas (incluidos algunos familiares) en el partido de Azul.

Como buen aristócrata, Mateo era reconocido en su comunidad, además de una persona muy creyente: portaba el palio en las procesiones y era el presidente de la Liga Popular Católica. Además, era miembro del Consejo Escolar, socio del Jockey Club y de varias ligas de beneficencia.

Con todos esos buenos antecedentes, el martes 18 de abril de 1922 le cambió la vida. Primero le disparó a su hermano Dionisio. Por esas cosas del destino, Sara, hija de Dionisio, quien se suponía que no estaba en la estancia, apareció alertada por el ruido. Al ver lo que pasaba intentó huir pero su tío le disparó dos veces en la cabeza y la tiró en una zanja. Horas más tarde, llegó a la estancia Juan Gaitán, peón del lugar. Como todavía no había podido deshacerse del cuerpo de su hermano, Mateo también le disparó. Los cadáveres ya eran tres.

Banks y los vericuetos de la mente de un psicópata

Nunca se supo bien por qué, Mateo fue hasta otra estancia de su propiedad, a 5 km de donde estaba. Se encontró con Claudio Loiza, otro peón, a quien le pidió ayuda para socorrer a su hermano Dionisio que “estaba enfermo”. En la mitad del camino, Banks le pidió a Loiza que bajara del sulky para alcanzarle el rebenque, momento que aprovechó para dispararle en el cuello. Escondió su cuerpo en un pajonal.

Acá empieza lo realmente extraño: volvió a “El Trébol”, donde vivían sus hermanos María Ana y Miguel, la esposa de Miguel y las hijas del matrimonio (de 15 y 5 años). Cenaron y se fueron a dormir. A eso de la medianoche, Banks despertó a su hermana y le pidió que lo acompañe a “La Buena suerte” para ayudar a Dionisio (otra vez diciendo que estaba enfermo). A pocos kilómetros frenó el sulky, asesinó a su hermana, tiró el cadáver en el camino y volvió a “El Trébol”. Una vez ahí, mató a escopetazos a su hermano, a la esposa de su hermano y a la hija mayor del matrimonio. Nunca se sabrá por qué (en realidad, se sospecha que fue porque Mateo pensaba que no entendían lo que estaba pasando y por ende no declararían en su contra), encerró a su sobrina de 5 años y a la hija de un peón de 4 en un cuarto y se fue. Serían las únicas sobrevivientes.

De inmediato, en medio de la madrugada, Banks fue a Azul a la casa de un amigo. Le dijo que los peones Gaitán y Loiza habían matado a su familia y lo habían atacado a él, por lo que se había defendido disparándole a ambos. Llamaron al comisario Bidonde, quien de inmediato se hizo presente en la escena del crimen y empezó con la investigación, muy rápidamente llegó a la conclusión de quién había sido el verdadero asesino.

Sus últimos días

En 1949 fue liberado. Volvió a vivir a Azul, pero la condena social lo expulsó. Se mudó a Buenos Aires, a una pensión del barrio de Flores, donde ingresó con el nombre de Eduardo Morgan. El mismo día de la mudanza se resbaló en la ducha, se golpeó la cabeza y murió. En la cárcel había dejado un manuscrito con sus memorias, con instrucciones para su publicación una vez que hubiera muerto. Quienes lo vieron, dicen que tenía más de mil páginas. Lamentablemente, se perdió.

Un último dato de color: los crímenes de Banks inspiraron dos tangos: Doctor Carús de Martín Montes de Oca y Don Maté Ocho (con letra de José Ponzio y música de Domingo Cristino).

 

Rating: 3.50/5.