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Madres de la Plaza, el pueblo las abraza

¿Cómo habría sido el día a día de la dictadura de haber habido redes sociales?

Ya se habló mucho de la relación entre el mundial de fútbol disputado en nuestro país y la dictadura militar. Algunos, perspicaces, incluso mencionan ciertos resultados como, por lo menos, “sospechosos”. El último 24 (nuevo aniversario de uno de los momentos más espantosos de nuestra historia), vi este tuit del exjugador de fútbol Juan Pablo Sorín en el que hay un video que me estremeció.

Un periodista (aparentemente extranjero) entrevistaba a las Madres de la Plaza. Lo primero que les preguntaba es por qué el gobierno decía que ellas mentían. Una pregunta atroz teniendo en cuenta el contexto. Las madres se defienden lo mejor que pueden al contestarle, pero no pueden evitar ponerse sensibles ante la cámara, después de todo están hablando de sus hijos desaparecidos, hijos que el gobierno de facto niega haber secuestrado. 

Algo bastante banal al lado del resto del testimonio, pero que me llamó la atención, al ver el video, es la aparición de un policía. Mientras fuma con una mano, con la otra intenta parar la entrevista. Es un intento vano, hasta diría que un poco tímido, como si no lo intentara realmente, como si quisiera que la entrevista no existiera, pero entendiera a la perfección que ya no lo puede lograr. Esto se encadena con algo que suelo pensar en días como este: ¿cómo habría sido la cotidianeidad desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983 de haber existido las redes sociales? ¿Habría sido tan fácil “chupar” gente? ¿Cuántos videos habría dando vueltas por la red de asesinatos disfrazados de “enfrentamientos”?

Volviendo al video, fue grabado el jueves 1 de junio de 1978 a la tarde (en la típica ronda de las Madres de todos los jueves) casi al mismo tiempo que el partido inaugural del mundial (Alemania contra Polonia, dejamos el análisis semiótico del hecho de que sean justamente estos dos países los que abrieron el torneo para otra nota). Hay algo que durante un tiempo yo le reproché a mis padres, hasta que, como cualquier adulto, entendí que reprocharle cosas a los padres no solo no suma sino que les genera a ellos una culpa innecesaria. Lo que les reprochaba era: ¿cómo puede ser que ustedes no se hayan enterado de la gravedad de lo que estaba pasando? Y si se enteraron, ¿cómo puede ser que no hayan hecho nada al respecto? Yo creo que sí se enteraban, pero hoy en día les es muy difícil aceptar que no hicieron nada con esa información. 

Creo que deben haber sido muchísimos los que, igual que mis padres, con una mezcla de miedo, indiferencia, culpa y desidia, escucharon que estaban desapareciendo personas y decidieron no hacer nada. Me inclino a pensar que lo que los frenaba a actuar era sobre todo el miedo, porque como dicen algunos malintencionados que vivieron esa época “si no andabas en nada raro no te pasaba nada”. No querían involucrarse y ser víctimas ellos también de lo que sufrían las madres que daban vueltas a la plaza los jueves. 

Es por eso escucho a estas mujeres y se me parte el alma, porque entiendo el calvario que estaban atravesando, cuando todos les daban vuelta la cara. Presten atención a la señora del segundo 38, la de bufanda rosa. Está contando que allanaron su casa, y la secuestraron y torturaron a ella para que dé información de su hijo. Le hicieron no uno sino ¡cuatro allanamientos! y ante la falta de respuestas decidía aparecer en los medios, mostrando su cara a riesgo de ser allanada una quinta vez y detenida como subversiva. No puedo creer ese testimonio, los ovarios y el coraje (y la desesperación) para contar eso.

 ¿Hoy sería motivo de escándalo internacional? Me gustaría pensar que sí. Aunque, la verdad, cada día que pasa me quedan más dudas.

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