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Los cowboys terminaron a los tiros

Robaron con sombreros de cowboys y desataron un par de balaceras. Un robo de película que, por suerte, terminó mal. Por mucha suerte.

La policía los bautizó "La banda de los cowboys", porque actuaron con sombreros. Era obvio que iban a terminar a los tiros como en los western del viejo Oeste. 

Hay que ser muy valiente o muy pelotudo para intentar robar una de las joyerías de la famosa calle Libertad. Dos cualidades que la mayoría de los cowboys tenían. Para los que no conocen: en tres cuadras de la calle Libertad se sitúan todos los negocios de joyas de la Argentina. Mayoristas, minoristas, talleres. Todos están o sobre Libertad o sobre un par de calles aledañas. Una zona que es un mundo de gente. Entre artesanos, orfebres, joyeros, revendedores, comerciantes, público. Ahí, en donde todo sale sin factura (más allá de la truchada grande argenta, las joyas pagan mucho impuesto), compran jueces, policías, narcotraficantes. La zona está tan asegurada, que ni policías hay casi . La zona está llena de colectividades de diversos países que cuentan con su propia vigilancia privada. Además de los judíos, están los armenios y los rusos (de Rusia, y países aledaños). Que son más jodidos y están armados. Todos los locales y talleres tienen cámaras de vigilancia. Repito: tenés que ser muy valiente o muy pelotudo para ir a robar ahí.

Además, está el tema logístico, que yo creo que fue en donde pifiaron más feo. Tenés los Tribunales a dos cuadras. Una plaza, las avenidas Córdoba y Corrientes, hasta las manos de tráfico. Difícil escapar de ahí rápidamente sin que alguna de las variables (aglomeración de gente, tránsito, seguridad, jueces) no te juegue en contra. Los nabos estos o eran principiantes o solo nabos, porque como era de esperarse todo les salió mal.  

La cosa es que el 6 de febrero de 2018, los tres cowboys asaltan el local de Joyerias Yoni, en Libertad al 395. Llegaron los tres en una EcoSport, mientras dos de los asaltantes entraron a la joyería a reducir a los empleados, el tercero esperaba en la camioneta para huir a la mínima señal. Se llevaron algunas joyas en exhibición, tres paños completos de anillos de oro y plata de uno de los empleados. Quizá pensaron que, como era febrero, habría menos gente (es el mes de vacaciones de los joyeros). Nada que ver, la zona estaba llena de gente yendo y viniendo.

Acá empieza lo más jugoso de la historia donde hubo más de 60 disparos y tres enfrentamientos a tiros con la policía. Tuvieron la mala leche que uno de los comerciantes de la zona vio movimientos sospechosos y alertó al único uniformado que había en cuadras a la redonda.Ahí se produce el primer tiroteo, del que salen ilesos. 

Se suben a la camioneta y rajan. A las dos cuadras, se meten en Tribunales y a la altura de Lavalle y Talcahuano quedan frenados por el tránsito. El policía que los había interceptado a la salida de la joyería ya había dado la alerta y ya los perseguían unos cuantos uniformados en moto que los acorralan. Ahí se produce el segundo tiroteo que deja como saldo una jueza y un empleado judicial heridos. La jueza se salva de pedo, porque justo pasaba un médico, que le hace un torniquete en la herida y le salva la vida. 

Los delincuentes siguen a pie, se afanan una Partner, con las ruedas pinchadas. Lo que los obliga a bajar y se enfrentan con la policía enfrente del Teatro San Martín. Plena calle Corrientes. Contaron casi 50 disparos.

Fin del cuento: uno de los cowboys, herido, cae preso. Otro escapa a pie por Corrientes. El tercero se mete en el edificio de la Procuración General de la Ciudad (que está lleno de policías), se cambia de ropa y escapa. 

Más de 70 disparos. Ni un muerto. Dios atiende en Buenos Aires.

 

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