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Gatillo fácil: práctica nacional y cordobesa

La violencia institucional es una realidad instaurada, casi una tradición argentina. Te contamos varios episodios cordobeses que lo demuestran.

Lo peor de nosotros
Gatillo Fácil

Cada año, en cada gestión, en democracia o en dictadura, las calles se llenan de personas reclamando por sus seres queridos. "Desaparecidos", blanco de una “bala perdida”, víctimas de la violencia institucional, los rostros que reflejan la injusticia y el abuso policial. La última vida que se cobró la fuerza policial provincial cordobesa fue la de un joven de 17 años llamado Valentino Blas Correa. Hoy todo el país grita su nombre como un pedido de justicia.

En Argentina, la violencia institucional es una realidad, casi una tradición. Las fuerzas militares y policiales, embestidas de un poder supremo, gatillan sin reflexionar. Sin reparar en las consecuencias. A fin de cuentas, las únicas consecuencias las sufren familiares, amigos y conocidos de las víctimas. Los platos rotos son escondidos bajo la alfombra por la justicia, las evidencias son manipuladas por las autoridades y los medios, se encargan del resto. 

Mientras tanto, nuestra historia sigue sangrando viejas heridas que tiñen nuestra democracia con los colores de la tortura. A más de 40 años del golpe de Estado más largo y tortuoso de la historia latinoamericana, gritamos cada 24 de marzo un “Nunca más” que se escucha en todo el mundo. Sin embargo, estos gritos no interpelan a todos por igual. Así es como siguen arrebatándonos los sueños, robándonos la juventud, llevándose vidas y archivando causas bajo la etiqueta de “desaparecido”. 

Los números del terror

Mientras a nivel mundial la consigna #BlackLivesMatter recorre e inunda las redes de pedidos de justicia, en Argentina siguen asesinando y desapareciendo personas por sus condiciones sociales. En Córdoba, particularmente, la Correpi brinda datos escalofríantes. Desde 1983 hasta el 2018, 435 personas fueron asesinadas por el Estado. Esto da un número de 340 personas víctimas de violencia institucional en los últimos 20 años. De las cuales, el 42 % fueron casos de gatillo fácil. Por otro lado, muertes en cárceles y comisarías cordobesas conforman el 35 % de los casos: las muertes que nadie cuenta. 

Estos porcentajes, números y estadísticas tienen cara, tienen nombre y tienen golpes. Toda la comunidad cordobesa sale cada año a pedir justicia en las diferentes ediciones de la Marcha contra el gatillo fácil y la Marcha de la gorra. Estas manifestaciones, que se organizan de forma anual, tienen origen hace ya más de 10 años. Y, cada año, se le suma una nueva bandera, una nueva historia, un nuevo rostro por el cual luchar.

A nivel nacional, Facundo Castro, Santiago Maldonado, Luciano Arruga, Julio López, Mariano Ferreyra, Walter Bulacio, son solo algunos de los nombres. A nivel provincial, Blas Correa, Facundo Rivera Alegre, Rodrigo Sánchez, Güere Pellico, Andrés Carreras y Raúl Ledesma. Lamentablemente, seguimos sumando. María Cash, Yamila Cuello y Marita Verón, porque también hay en la lista nombres de mujer. Redes de trata encubiertas por instituciones estatales. Pactos de silencio, intervenciones en las escenas de los crímenes, arreglos con la justicia. Todos estos factores son los que nos arrebatan una a una las vidas de estas personas.

Si nos organizamos, luchamos todos

No es inocente que existan organizaciones enteras armadas específicamente para luchar contra estas políticas de Estado, contra estas instituciones omnipotentes que nos arrebatan de un tiro las vidas de nuestros jóvenes. Existe, en Córdoba, un Equipo de Acompañamiento a Familiares de Jóvenes asesinados por la Policía. Existe, también, una Coordinadora de Familiares de Víctimas de Gatillo Fácil, existe la CORREPI (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional). Porque siempre que hubo injusticia, hubo resistencia. Pero hay algo que todavía no existe: una respuesta ante tanta violencia. A las familias, compañeros y amigos de estas víctimas de gatillo fácil nadie les responde. El único acercamiento a la justicia es el abrazo colectivo. Salir a las calles, abrazarse y visibilizar estos casos para que no vuelvan a suceder.  Gritar, juntos, todas las veces que sea necesario: Nunca más.

 

Fecha de Publicación: 29/08/2020

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