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El vampiro de la ventana.

Una enfermedad mental, la pobreza más espantosa y la película “Drácula” transformaron a Florencio Roque Fernández en “el vampiro de la ventana”.
Lo peor de nosotros
Florencio Roque Fernández el vampiro de la ventana
14 octubre, 2019

Monteros, Tucumán. Década del 50. 15 mujeres asesinadas por mordeduras violentas en sus cuellos. Mitos. Leyendas urbanas. Pánico. Tras siete años de búsqueda, se devela el misterio. Una enfermedad mental, la pobreza más espantosa y la película “Drácula” habían transformado a Florencio Roque Fernández en “el vampiro de la ventana”.

Fernández había sido diagnosticado de chico como psicópata y, por cuestiones económicas, nunca fue tratado. Con el correr del tiempo la enfermedad se transformó en una esquizofrenia severa y fue abandonado hasta por su familia. La tristeza de la vida del “loco del pueblo” (más a esa edad) y la penuria de la miseria que lo obligó a mendigar y robar, fueron haciendo su trabajo. A los 15 años sucede algo que le cambia la vida y despierta al monstruo dormido: en el cine del pueblo se estrena Drácula. Y Florencio va a verla.

Un dato es fundamental para terminar de entender la situación: producto de su problema mental, Fernández es fotofóbico, por lo que pasa la mayoría del día en una cueva en las afueras de Monteros. Solo sale de noche. Se empieza a mimetizar con el personaje.

Nace el vampiro

En enero de 1953, aprovechando que en Tucumán la mayoría de la gente duerme con las ventanas abiertas por el calor, Fernández se mete en una habitación, golpea con un martillo a la mujer que dormía y le arranca un pedazo de cuello con la boca. Las pruebas forenses dicen que en el momento de ser mordida, la víctima todavía estaba viva. La misma situación se repitió casi igual un mes más tarde. Y luego trece veces más en siete años. Siempre en verano. Cuando las ventanas estaban abiertas.

Los psiquiatras que lo trataron en la cárcel afirmaban que en la mordida había una finalidad sexual, ya que está casi comprobado que se bebía la sangre de las víctimas (aunque nunca violó a ninguna). La escena de los crímenes ayudaba a que se vaya creando un mito alrededor del “vampiro”. Los vecinos hacían denuncias a la policía diciendo que habían visto a alguien volando alrededor de sus casas y empezaron a colgar crucifijos y ajos de las puertas y a pedirle al cura del pueblo que rociara las habitaciones de sus hijas con agua bendita. Los más valientes preparaban estacas para clavárselas en el corazón a quien osara atravesar la ventana.

Fue detenido el 14 de febrero de 1960 (día de los enamorados, una coincidencia espantosa). No opuso resistencia. Solo se ponía violento si lo obligaban a tener contacto con la luz solar. Tenía 25 años. Fue declarado inimputable y se decidió internarlo en un psiquiátrico de San Miguel de Tucumán, donde murió en 1968.

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