¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Domingo 13 De Septiembre
Habían pasado unos días de la visita del presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt. Diciembre de 1936. Y el agregado militar en Paraguay, plena guerra contra Bolivia, entra tromba a la oficina del Ministro de Guerra del gobierno infame de Agustín P. Justo. Ante el general Basilio Pertiné denuncia: “Han querido vender documentos secretos a los paraguayos”. La red que incluyó un oscuro agente del Ejército, el hipódromo y una casa de citas se cayó sobre el mayor Guillermo Mac Hannaford. Y sobre este oficial de alto rango cabió la grave sentencia y que es única en la historia argentina: Traición a la Patria.
Saavedra, San Martín, Rosas, Perón, Menem y Cristina Fernández han sido acusados de este delito de enorme magnitud. En la Constitución Nacional se establece que “La traición contra la Nación consistirá únicamente en tomar las armas contra ella, o en unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro” pero Mac Hannaford no se hizo nada de eso. Aquel proceso estuvo plagado de silencios y errores, jamás se pudo comprobar fehacientemente estos delitos, al punto que para alguna prensa fue conocido Mac Hannaford como el Dreyfus argentino -el famoso caso del capitán francés víctima de racismo en 1894. Con poca información aún en el presente, salvo los artículos de Armando Alonso Piñeiro en los setenta en la revista Todo es Historia o el libro de Adrián Pignatelli en 2011, el controvertido suceso ha sido retaceado y clasificado por los autoridades, al punto de borrar su nombre en su momento del Patio de Honor del Colegio Militar de la Nación. Lugar en el Palomar donde se degradó en un inusual acto público a Mac Hannaford el 18 de agosto de 1937.
Esta senda del brillante hijo de inmigrantes, con una carrera al momento deslumbrante con agregadurías en Alemania, Italia y Bolivia, y que culminó siendo el edecán del mismísimo presidente Roosevelt, tuvo su quiebre cuando los militares detienen a Mac Hannaford en su casa de Olivos por una denuncia de Horacio Pita Oliver, un siniestro agente de los servicios argentinos. Más tarde, para darle los tintes novelescos, en una prostíbulo de la calle Ecuador que frecuentaban el mayor y Pita Oliver, aparecen documentos del Estado Mayor. Los jueces militares en desempate -y no por unanimidad como exige la ley marcial- finalmente dictaron sentencia de reclusión perpetua y degradación pública, algo que confirmó el presidente Ortiz por decreto -la ley exige que sea el Congreso Nacional.
Y ahí empieza el calvario de Mac Hannaford que es trasladado al Penal de Ushuaia y, por su delicado estado de salud en 1944, terminaría en la Penitenciaria Nacional -emplazada en la actual Plaza Las Heras-. Su hermano Juan emprende una fuerte campaña en diarios y radios, incluso se pegan afiches en 1940 solicitando la libertad, pero son arrancados por la policía.
De lo poco que se sabe en la actualidad queda constancia que jamás se encontraron documentos comprometedores en la casa del infortunado mayor, o que sus defensores fueron sistemáticamente recusados y apartados. O que el supuesto dinero que pedía el casi sin defensa Mac Hannaford, quien sí era asiduo apostador, resultaba muy inferior a su salario mensual. Ni hablar que la operación se frustró por lo que, si se hubiese aplicado el Código Militar, la pena no debería haber superado los quince años. Sin embargo el principal problema era que se dijo que vendía documentos al Paraguay cuando Argentina colaboraba con este país, de manera subterránea, en su conflicto con Bolivia ¿Para qué entonces el oficial argentino, que seguramente manejaba esta información a diario, se arriesgaría a vender información a un estado aliado que informaría deprisa a sus amigos?
Dudas y sospechas llueven desde la supuesta vendetta contra un mayor que se oponía al creciente poder de los coroneles, que ascenderían al poder en 1943 -uno de ellos, el presidente Perón, le negó el indulto pero otro, el presidente de facto Aramburu, se lo otorgó en 1956-, y que la mayoría, además, sería promovido después de 1938. Algunos sostiene que Mac Hannaford, que apoyaba a Gran Bretaña y Francia, los países de sus padres, no era bien visto por los militares argentinos fascinados por el fascismo y nazismo. Otros aventuran que Argentina aspiraba a un plan de expansión violento sobre los países vecinos desangrándose, en momentos que públicamente abogaba por la paz, y que el oficial lo sabía. Mac Hannaford, solo, enfermo y abandonado, el único Traidor a la Patria de la historia nacional, falleció en 1961. Con él se llevó una supuesta intriga de alto espionaje, con muchos cabos sueltos, que se parece más bien a la corrupción que se cobró otra víctima.
Imagen: Big Bang! News
Fecha de Publicación: 28/03/2025
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