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El primer asesino serial argentino

Conocé la historia de Cayetano Domingo Grossi, el primer asesino serial argentino, quien a fines del siglo XIX mató a sus cinco hijos.
Lo peor de nosotros
20 octubre, 2019

Si les preguntara quién fue para ustedes el primer asesino serial argentino, estoy seguro de que la mayoría (como yo, antes de hacer esta investigación), respondería “El petiso orejudo”. Pero no. Hubo otro antes. Y, detalle macabro del destino, su nombre también era Cayetano. En este caso, Cayetano Domingo Grossi.

Los detalles son demenciales. En primer lugar, por sus víctimas: asesinó a sus cinco hijos. En segundo lugar, por quiénes eran esos hijos: fruto de las violaciones sistemáticas a las que sometía a sus dos hijastras. Un día, un vecino encuentra una bolsa con el brazo de un bebé. Avisa a la policía, que investiga la zona (una especie de depósito de basura) y encuentra el cráneo (bastante golpeado), las dos piernas y el otro brazo. Sin levantar mucho la perdiz, el comisario ordena que revisen la basura nueva a medida que vaya llegando. Ese mismo día, un recolector deja otra bolsa. En el interior había un tórax: el cadáver ya estaba completo. La autopsia determinó muerte por fractura de cráneo. Ningún sospechoso.

Dos años después (1898), en el mismo lugar, otro transeúnte encontró un nuevo cadáver de bebé envuelto en un trapo, también con el cráneo destrozado. Se agregó un detalle espantoso: el cuerpito tenía múltiples signos de quemaduras. La autopsia sumó un dato más: si bien tenía el cráneo destrozado, la muerte se había dado por asfixia. Lo habían ahorcado.

Por datos postales de la basura que compartía la bolsa con el cadáver, la policía logró determinar qué carretero era el que había transportado el cuerpito al basurero. Cuando lo interrogaron, confesó haber visto los restos del bebé, pero no avisó a la policía por temor a ser involucrado en el acto macabro. Orientando la investigación a la zona en la que el carretero había recogido el cuerpo, lograron dar con una familia que vestía siempre de luto. Vivían en la calle Artes 1438 (hoy Carlos Pellegrini), en Retiro. La familia estaba compuesta por Cayetano Domingo Grossi, su cónyuge Rosa Ponce de Nicola, las dos hijas mayores de Rosa (Clara y Catalina) y tres menores de edad.

La familia del asesino

Los vecinos afirmaron que Grossi mantenía relaciones íntimas con sus hijastras. Además, aseguraban que poco tiempo antes Clara había estado embarazada y que una vez terminada la gestación nunca habían visto a ningún bebé. Conseguida la orden de allanamiento, la policía encontró debajo de una de las camas una lata que contenía el cadáver de otro bebé, envuelto en un trapo muy similar al del basurero. Grossi declaró que el saco que habían encontrado efectivamente le pertenecía y que había matado al bebé a pedido de Clara. El que estaba en la lata, por el contrario, había nacido sin vida. Insistía en que no era un asesino.

Finalmente, la familia se quebró y confesó todo. Grossi había violado a sus hijastras y ayudado en los partos. Una vez nacido los bebés, los ahorcaba y los tiraba al fuego (en presencia de sus madres). Fue condenado a muerte por fusilamiento.

El 6 de abril de 1900, día de su ejecución, se les permitió a los hijos visitarlo por última vez. No mostraron ninguna emoción. Lorenzo, el más pequeño, con solo 6 años de edad, no quiso ni acercarse. Cuando el padre intentó acariciarlo, salió corriendo. A las 8 AM, tres oficiales de la policía federal le vendaron los ojos y le ataron los pies y las manos. Segundos más tarde, dispararon sus fusiles. Habían acabado con el monstruo.

Cayetano Domingo Grossi
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