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El crimen del profesor y la injusticia

Avelino Maure fue ultimado por su pareja y su mejor amigo. Ambos, fueron condenados a prisión perpetua por esa muerte. Sin embargo, la condena nunca se cumplió.

Se trata de un caso donde la justicia vuelve a quedar bajo la lupa. Una merecida prisión perpetua sentenciada tras dos años de investigación y juicio justo, pero apelada y rebajada a solo 17 años. La pareja asesina, responsable de un cruento y brutal homicidio, goza de libertad desde hace ya mucho tiempo. Esta es la historia del ominoso crimen de un profesor, en la década del 60.

El caso

La noche del 18 de septiembre de 1969, Susana Arbues (26) y Rodolfo Giménez Jáuregui (30) acabaron con la vida del profesor Aveilno Maure (31). El dato es que Arbues era pareja de Maure y Giménez Jáuregui era amigo de la infancia del profesor, pero, presuntamente, pareja informal de Arbues. Con las piezas sobre la mesa, el rompecabezas se arma así.

La mujer y Giménez ingresaron a la guardia del Hospital Español aquella noche. A los gritos, y con poca coherencia en el relato, explicaban que habían sido víctimas de un asalto mientras transitaban en su vehículo por las calles de Guaymallén. Siempre según su relato afirmaban haber sido atacados y quedar en manos de dos malhechores que habrían huido por los cañaverales. Sin embargo, la historia estaba llena de inconsistencias y la policía, que había llegado hasta el lugar, no terminaba de entender lo que las “víctimas” contaban. Es que, además, Susana explicó que en el supuesto asalto también estaba su esposo, Maure, quien habría sido agredido por los ladrones y ¿olvidado por su esposa en la escena del robo? Nada cerraba.

Entonces los investigadores fueron hasta el lugar donde decían haber sido atacados, en la calle Las Cañas junto con los perros de búsqueda. Allí fue donde las sospechas empezaron a transformarse en certezas. En el lugar hallaron el cuerpo del profesor en un canal de riego que circulaba al lado de la calle, terminaron por confirmar que no había participación de terceros ya que los perros no seguían ningún rastro hacia los cañaverales. Esto hacía pensar que evidentemente, nadie había huido hacia ese sector. Además, se encontró un calzado que correspondía a Susana Arbues, junto a los anteojos destrozados de Maure.

Testigo clave

Vicente Fabriani, un vecino que estaba sentado en el patio de su casa mirando la nada misma, lo vio todo. El hombre no sabía ni leer ni escribir. Ah, pero qué memoria tenía. Brindó lujo de detalles. “No me peguen más, no me peguen más”, repetía el profesor, según contó el buen hombre. El relato lo completó contando que un hombre alto y una mujer bajita atacaron a una tercera persona con cuchillos y una piedra, todas armas que fueron halladas en la escena del crimen. Fabriani no vio a ninguna otra persona, con esto enterraba definitivamente la historia del asalto que Arbues mencionó en un principio. También vio que la víctima fue arrojada a la hijuela y, más tarde, la pareja huyó en el auto que manejaba la mujer.

La ¿justicia?

Susana Arbues y Giménez Jáuregui fueron condenados el 31 de agosto de 1971 por un tribunal que presidió el juez Luis Cherubini Lima. Los asesinos no se volvieron a ver nunca más desde que entraron a la cárcel de Boulogne Sur Mer. Eso sí ella se encargó de escribirle cartas que le hacía llegar mediante los penitenciarios. Pero no eran precisamente cartas de amor, en las misivas trataba de convencerlo de que asumiera la culpa total por el crimen y la ayudara a salir en libertad. 

Fueron condenados a cadena perpetua, sin embargo, la pena fue rebajada en ambos casos. Esto consta en decretos emitidos por el Gobierno de Mendoza en las décadas del 70 y del 80.

Así Susana Arbues, a sus 76 años, vive en San Juan donde se radicó en los 90. Mientras que Giménez Jáuregui vive en Mendoza. Ambos, gozando del derecho más preciado por la humanidad, la libertad.

 

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