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De benigno… no tenía nada

Héctor Benigno Varela fue un militar argentino con “chapa” de coronel. Fue el responsable de la Patagonia Rebelde en Santa Cruz y hoy te lo recordamos.
Lo peor de nosotros
Patagonia tragica
| 23 diciembre, 2019 |

Corría el año 1920 y en Río Gallegos (Santa Cruz) funcionaba un centro “benigno” de producción lanera para exportación. Este era de capitales extranjeros y contaba 1500 trabajadores, quienes se desempeñaban en haciendas agrícolas y frigoríficos de bandera inglesa.

La cosa empezó a ponerse fea para los trabajadores luego de la Primera Guerra Mundial. Con la caída de las ventas y exportaciones, bajó la calidad del trabajo para ellos. Empezaron a ser maltratados, les aumentaron la cantidad de horas laborales y les bajaron los salarios. El trabajo insalubre empezó a “pesarles”, y las idas y venidas con los estancieros derivaron en una situación no esperada.

Haciendo valer sus derechos

Fue en noviembre de 1920 cuando se desató la primera protesta de los trabajadores, que incluyó un boicot a comerciantes ligados a la Sociedad Rural. Río Gallegos, Puerto Deseado y Puerto San Julián fueron centro de una huelga general de cientos de empleados cansados de tanto maltrato. Días después, empezaron las primeras represalias y un policía mató al primer huelguista, Domingo Olmedo.

La toma de policías como rehenes, las peleas entre estancieros y las represalias a los trabajadores se tornaron, así, cosa de todos los días. Bajo la orden del presidente Yrigoyen, un regimiento de caballería llegó a Río Gallegos el 10 de noviembre.

De teniente a autoritario asesino

Con un ejército fornido de 200 soldados, el teniente coronel Héctor Benigno Varela dio la orden de fusilar a todos los peones y obreros huelguistas. Su gran aliado fue el gobierno chileno, que cerró los límites fronterizos para que nadie pudiera escapar de su destino final.

La matanza masiva finalizó el 10 de enero de 1922. Se estiman que fueron entre 1000 y 1500 los trabajadores que fueron brutalmente asesinados. Quienes lograron sobrevivir recibieron una rebaja de más de un tercio en sus salarios y vieron condecorar a este asesino por el presidente Yrigoyen.  

Todo lo malo siempre vuelve

Y, como dice la popular canción de La Princesita, fue “con la misma moneda”. Así le pagaron por infeliz. El ajusticiamiento llegó para Benigno Varela de manera sanguinaria. Fue un 27 de enero de 1923 en el barrio de Palermo (Buenos Aires), un año después de los asesinatos en Santa Cruz.

Dicen que, mientras el militar paseaba por la calle, el anarquista Kurt Gustav Wilckens lo interceptó, arrojó una bomba y le dio 4 balazos. Estos emulaban los cuatro disparos que él mismo ordenó dar, para terminar con la vida de cada uno de los huelguistas.

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