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Con los chicos, no

¿Alguna vez se pasa el terror atávico y paralizante de pensar que algo malo le puede pasar a nuestros hijos?
Lo peor de nosotros
| 31 agosto, 2018 |

Lo que voy a narrar sucedió en Embarcación, una pequeña localidad del norte de la provincia de Salta. Todavía me da escalofríos. Quizás tenga un poco que ver que soy padre primerizo de un hermoso pibe de 11 meses y estas cosas me afectan como nunca imaginé que podían afectarme. También debe tener que ver que hace pocos días terminé de leer El petiso orejudo de la excelente escritora María Moreno, y el asesino serial más famoso de todos los tiempos tenía un modus operandi bastante similar al que voy a relatar.

Volviendo al tema de Salta, la cuestión fue así: un martes a la tarde, cerca de las 14, el padre de dos chicos chiquitos volvía a su casa para almorzar y dormir una siesta antes de volver al trabajo. Llegando a su domicilio vio pasar una Toyota Hilux (que no pasa, precisamente, desapercibida) varias veces por la misma cuadra. No le dio importancia. Lo mal que hizo. Minutos más tarde (me lo imagino con un pedazo de churrasco en el tenedor), escucha gritos en la calle, no puede identificar bien qué dicen, hasta que finalmente un familiar le advierte, también a los gritos, “Se quieren llevar a los chicos”. Mamita. Lo pienso y me muero de miedo.

El padre, claro, sale a la calle a ver qué pasaba y ve a una persona (él dice que eran gitanos, pero en esta columna no hay espacio para la xenofobia, así que pongámoslo en duda, o por lo menos desafectemos a la comunidad gitana del hecho) que se está por subir a la camioneta. Este buen hombre le pregunta qué hacía cerca de los chicos y el desconocido primero le dice que estaba advirtiendo a los nenes de no jugar en la calle porque era peligroso y después, ante la insistencia del padre (un poco desaforada, me imagino), le muestra una pistola que llevaba en la cintura. Se sube a la camioneta y se va. El padre les tiró un piedrazo (qué corajudo, yo no me habría animado) y fue a hacer la denuncia. Horas más tarde, la policía detuvo a los presuntos secuestradores. Dios santo. Le pregunto a los padres: ¿Alguna vez se pasa el terror atávico y paralizante de pensar que algo malo le puede pasar a nuestros hijos? ¿O es una sensación que me va a acompañar hasta que me muera?

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