Ser Argentino. Todo sobre Argentina

¿Cómo llegamos a esto?

Robar siempre está mal, pero no dejemos que el árbol nos impida ver el bosque.

Otra vez la actualidad nos lleva a la ciudad de Mar del Plata. Y otra vez es una noticia que en su primera lectura nos parece cómica pero después va girando hacia lo trágico. El hecho es simple: un ñato se escondió dos tiras de asado en los pantalones y trató de irse de la carnicería con la mercadería encanutada, pero lo descubrieron porque “caminaba raro”. En un principio parece gracioso, ¿no? Sobre todo por el detalle, nada menor, de que tenía pantalones “chupines”, lo que le complicaba aún más el desplazamiento.

Lo primero que se me ocurre pensar es ¿cómo hizo para meterse una tira de asado en cada gamba si tenía chupines? ¿Cómo las manoteó del mostrador? ¿Cómo es la disposición mobiliaria de esa carnicería? ¿Tantos clientes había para que nadie se diera cuenta? ¿No tendría que haber ido, mínimo, al baño, para hacer semejante acto de destreza delictiva? Preguntas que no encuentran respuesta. Lo poco que sé es que sustrajo dos tiras de asado y le pareció buena idea esconderlas en los pantalones. El único que se dió cuenta fue un cajero, el último eslabón del comercio digamos. Desde las heladeras hasta casi llegar a la puerta nadie lo notó. El ladrón casi cumple con la imposible hazaña.  

Pero un segundo más tarde, cuando el cerebro ya asimiló la “noticia”, pasamos a la etapa de tragedia. El pibe de 34 años (ya sé que no es un pibe, pero déjenme llamarlo así para sentirme más joven a mis escasos 38) terminó detenido en Batán. Se le inició una causa por robo en grado de tentativa y derecho a la cárcel. No deja de llamarme la atención que la justicia en este caso haya sido tan expeditiva. Pero más me impresiona que lo hayan enviado a esa unidad penitenciaria. Por motivos que no vienen al caso, una vez me tocó conocer ese antro por dentro. Si el sistema carcelario argentino es deplorable, Batán es la puerta del infierno. No puedo ni narrar las condiciones de vida que soportan los internos. Ahora, ¿ir preso a una cárcel tan terrible por robar comida?

No importa cuando lean esta nota, si van a buscar información sobre la cárcel de Batán seguro se van a encontrar con noticias espantosas. La mitad van a ser sobre los pabellones sobrepoblados, las cloacas que desbordan y la violencia carcelaria a la que no se puede poner fin por la desidia estatal en la que está sumida el penal. Por eso, querido lector el hecho de que este muchacho vaya a ese lugar solo por 3 kilos de carne me pone un poco mal. Hay delitos, y delincuentes, peores que ni siquiera son castigados. 

Ya sé lo que van a responder y desde ya les digo que tienen razón: robar está mal. El pobre carnicero también la está peleando y, mal que mal, tres kilos de carne suman al momento de pagar la luz. Pero, ¿en qué situación vive alguien que roba comida? ¿Merece el mismo castigo que alguien que roba un auto para desguazarlo? Muchas veces uso la pregunta como herramienta retórica, para afirmar algo quitándole énfasis. En este caso no. No sé lo que pienso, no sé lo que debería hacer la justicia con este muchacho. Lo que sé es que para robar comida hay que estar desesperado. Si al cuatrero moderno le va a caer el peso de la ley, lo mínimo que pido es que la justicia también investigue un poco a quienes crearon las condiciones para que una persona en la plenitud de su vida no tenga los medios para comprar tres kilos de carne.

 

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