Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Argentina en el top ten

Malas noticias: Argentina está entre los diez países con mayor miseria del planeta. Según un informe publicado por The National Review, Argentina ocupa el 7° lugar entre los países con mayor deterioro de su red social.

Argentina es noticia y, en esta oportunidad, con una triste información que nos mantiene entre los diez países con mayor miseria del planeta. Según recientes datos publicados por The National Review, Argentina ocupa el 7° lugar entre los países con mayor deterioro de su red social.

¡Parece mentira…!

Esta es nuestra inocultable realidad y, por más esfuerzo que hagamos por nutrir de contenidos positivos, no podemos obviar el difícil momento que atraviesa nuestro país.

Desde hace años, diría décadas, nuestra gente vive una crisis tras otra, sin hallar un horizonte alentador o que, al menos, nos permita tener la esperanza de lograr una base sustentable en búsqueda de una digna calidad de vida.

Ni hablar del contexto con pandemia, tan desgarrador al ver cómo miles de almas dejan de acompañarnos y la propagación de la enfermedad se vuelve un sálvese quien pueda y como pueda, ya que no hay recursos para atender una emergencia que, por ahora, no tiene solución a la vista.

Es muy difícil para nuestra producción abordar esta realidad…

Vivimos abarrotados de malas noticias y, tal como dijo recientemente el actor Oscar Martínez, “Argentina es tóxica”.

Sin herramientas ni recursos, desbordados en el aspecto sanitario y con una pobreza que no cesa, enfrentamos una guerra casi perdida.

Peor aun cuando vemos a nuestra sociedad enfrentada y polarizada entre dos modelos de país que lo único que hacen es dividirnos y quitar el foco de lo verdaderamente importante: salud, educación y economía.

 

Pero ¿cuál es el plan y dónde está el piloto?

Lamentablemente, no hay plan, nuestros “líderes políticos” demuestran no estar a la altura de las circunstancias y no hacen otra cosa que pelear y echar culpas unos a otros, instalan teorías conspiratorias, hacen persecuciones, nos meten miedo (como si no lo supiéramos) y, en vez de propiciar o favorecer políticas en favor del desarrollo, diseñan planes contradictorios e instalan un relato a partir de una agenda carente de contenido, que no conduce a ningún lado.

Lo que debería ser un debate con políticas de Estado consensuadas para enfrentar la emergencia, acaba en un “torbellino de twitts” acusatorios, amenazantes y vergonzosos, que centran su objetivo en la perpetuidad del poder, en una disputa que se lleva puesta a la gente y a nuestro futuro.

Tantos años buscando la democracia, para que finalmente sea funcional a unos pocos beneficiados del poder que, en base a mentiras y contradicciones, se transfieren la conducción sin ofrecer soluciones reales para la gente.

Mientras tanto la realidad nos supera, ya que vivimos la degradación de un pueblo que alguna vez fue educado, empático, solidario, respetuoso al que se le inflaba el pecho al decir “qué orgullo y qué lindo es ser argentino”.

El problema más grave que enfrentamos los argentinos es “la falta de confianza”, la poca credibilidad, la intolerancia y la normalización de un sistema tramposo, un camino minado de dificultades y falto de ética que atenta contra la convivencia, los verdaderos derechos humanos, haciendo inviable una digna calidad de vida.

 

“Mientras tanto, ahí vamos, por un tobogán en caída libre y en el sálvese quien pueda”

¿Es que acaso hemos perdido el norte?, ¿dónde se ha visto que perder la inocencia es de los vivos, que la calle es de los patoteros o que el roce te da estatus y empodera?

Tenemos muy mal los valores. 

 

“La oportunidad hace al ladrón y el que no afana es un gil”

Los robos y la inseguridad están a la orden del día, las entraderas, las salideras, los motochorros, el cuento del tío, todo amparado en la falta de autoridad de las fuerzas de seguridad y con una justicia ausente.

Ni hablar de la cometa, del tranza, de las drogas…

El empoderamiento de los barras, funcionales al poder de turno, las patotas, los trapitos y el estacionamiento público tarifado por mafias que delinquen por doquier.

El canibalismo reina en las calles, transformándose en la ley de la selva, de aquellos que circulan con vehículos grandes y tiran encima sus carrocería para ganar un espacio. La circulación de vehículos inapropiados, obsoletos, chocados o sin luces que circulan por la calle o la injustificable falta de responsabilidad al conducir alcoholizados.

La prioridad al peatón o al ciclista no existe.

La prioridad al ingresar a una rotonda, la avivada de transitar por la banquina, el que pasa el peaje sin abonarlo, los que circulan en la autopista por la mano izquierda a marcha lenta sin ceder el paso.

De los peatones que cruzan por cualquier lado, del colado que se antepone en una fila, de aquel que llega y no saluda, del que fuma en lugares inapropiados, de los machirulos que ejercen la fuerza provocando femicidios aberrantes y de todos los ventajeros que hacen de la picardía un culto. 

Ni hablar de la falta de consideración con los abuelos, al no ofrecer prioridad en cualquier tipo de atención, al no cederles el asiento del colectivo o asumir un viaje en tren apiñados y colgados, casi peor que los animales.

La toma de tierras y la pérdida de todos los derechos sobre la propiedad privada.

La palabra degradada y el atropello que vivimos son parte de nuestra actual realidad.

Y sí, ¡somos pobres!

 

“Casi la mitad de su gente vive en la extrema pobreza”

El mundo no comprende o, mejor dicho, observa azorado la caída de un grande, de un país con raíces sólidas, pero con una mentalidad incapaz de luchar = trabajar = respetar al prójimo para resolver sus propias contradicciones.

En síntesis, hay normas esenciales que toda sociedad debe cumplir y hacer cumplir.

La intolerancia, la falta de respeto y la educación son el mayor flagelo social y la deuda pendiente de una sociedad perdida en su propio laberinto, “que observa con vergüenza”, la falta de acción de sus dirigentes y el gran deterioro de la red social en todos sus formas.

 

Fuente: “The National Review” Hanke’s Inflation Dashboard: Official Statistics Misrepresent Real Inflation Rates.

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