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Un tigre asesino en Santa Fe

El convento de la orden de los franciscanos de la capital provincial guarda una terrible historia. Un tigre llegó en un camalote y desató una masacre.

Desde siempre, las aguas de Santa Fe son recorridas por unas tupidas masas flotantes de vegetación y tierra, llamadas camalotes. Parece mentira, pero, en ocasiones, los camalotes pueden ser tan grandes que animales salvajes los usan como medio transporte. Esta leyenda santafesina cuenta la historia de un yaguareté (tigre americano) que llegó sobre un camalote hasta la huerta del Convento de San Francisco. El entorno geográfico, hoy, es el Paseo de las Dos Culturas, en el casco histórico de la ciudad.

El tigre se habría colado adentro del convento a través de una ventana. Aquella mañana, uno de los frailes vio a un hermano caído en la sacristía y corrió para auxiliarlo. Al entrar descubrió a la fiera junto al cadáver del infortunado religioso. Se echó atrás, pero ya era demasiado tarde. El tigre se le abalanzó a la cabeza y, aunque el padre logró rechazarlo dos veces, al tercer asalto cayó de espaldas con la cara desecha. Buscando encerrar al felino, otro joven hermano se acercó a la sacristía y, al ir a tomar la puerta, el jaguar se lanzó sobre él y le hundió sus colmillos en la cintura, lo que le ocasionó la muerte.

La cabeza del sacristán

La noticia de la tragedia corrió como un rayo y llenó de horror a la ciudad. Llegaron las autoridades santafesinas. Echando llave a la sacristía por una ventana, introdujeron varios perritos rastreadores, que no denotaron la presencia del jaguar. Entraron. Sobre el pavimento se veía, en un charco de sangre, la cabeza destrozada del hermano sacristán. Su cuerpo, en cambio, se hallaba en la sacristía, a donde fuera arrastrado por la fiera.

La anécdota es para una historia de terror, o una comedia bizarra, o las dos cosas. Tal es así que hasta un  grupo teatral llegó a realizar una puesta en escena de esta leyenda litoraleña.

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