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Un cinocéfalo en el pasillo

Una historia de rituales antiguos y bestias fantásticas. Todo tuvo lugar en una casa de barrio. Un hombre parado en el pasillo quiso ser verdugo.

Leyendas Urbanas
 cinocéfalo

La historia trascendió en Mendoza como una anécdota que un joven adolescente le contó a su grupo de amigos en una típica juntada con pizzas y cervezas de por medio. Pero las historias de travesuras, amores y hazañas deportivas fueron reemplazadas por la más escalofriante historia de vida que jamás escuchó ninguno de los jóvenes que estaban aquella noche. Hasta el día de hoy, al pasar por el pasillo de sus casas, tratan de mirar hacia otro lado.

Cambio de casa

Todo comenzó cuando la madre de quien cuenta la historia (quiso reservar su nombre) se fue de la casa donde vivía la familia, tras separarse de su padre. Se instaló en una típica casa de barrio, en el departamento de Guaymallén. Sus hijos, con el protagonista de la historia entre ellos, la visitaban los fines de semana.

Un viernes, terminaron de cenar y se fueron a dormir. Al haber solo una cama extra y un sillón, los dos hijos se turnaban para dormir en uno u otro lugar. Esa noche, nuestro relator fue quien durmió en el sillón. En una sala que tenía salida hacia la cocina y hacia el pasillo que conducía a las habitaciones.

Un hombre extraño en el pasillo

Logró conciliar el sueño rápidamente. Sin embargo, a las 3 de la madrugada se despertó, de repente. Algo que nunca le pasaba. Siempre dormía de corrido hasta la otra mañana. Pero esta vez despertó y tuvo una sensación extraña. Estaba como aturdido. Rápidamente entró en razón y advirtió que su intempestivo despertar había estado suscitado por un extraño ruido proveniente de la cocina. Como si una mano de uñas largas desgarrara la pared. Se encontró en una situación desesperante. No podía quedarse y tratar de dormirse nuevamente, como si nada. Entonces optó por tomar coraje e ir a ver qué era lo que había producido ese ruido.

Pero al pasar por el pasillo, que estaba oscuro, no pudo evitar mirar hacia el fondo. Allí, en la penumbra, entre la poca luz que ingresaba desde la calle, pudo ver la silueta de un hombre que cada vez se fue esclareciendo un poco más. La silueta dio paso a un hombre de traje, alto, pero con un detalle. Su cabeza no era normal. Era alargada y tenía la forma de la cabeza de un perro.

Cinocéfalo

Antes de dejar de leer el artículo, por considerarlo fantasioso, es importante que entiendas qué significa un hombre con cabeza de perro. Tiene que ver con antiguos rituales que practicaban algunos pueblos originarios de Mendoza. Cuando una persona moría, elegían un animal vivo para meter adentro de la tumba y lograr que el alma de ese animal se metiera en la persona fallecida, reviviéndola. Supuestamente, la persona se despertaba con una parte de su cuerpo cambiada por la del animal. El único objetivo de su resurrección era conseguir el perdón por sus malos actos, de parte de las personas que no la habían visto antes de morir.

El rito final

El joven protagonista fue hasta la cocina. Constató 4 marcas paralelas sobre la pared, confirmando que, evidentemente, eran uñas las que habían generado el ruido que lo había despertado. Tomó un vaso con agua y volvió al sillón, sin volver a advertir la presencia del cinocéfalo en el pasillo.

Al otro día, le contó todo lo vivido a su madre. Esta le confesó que ella sabía de la presencia de esa bestia desde que había llegado a la casa, pero no se había animado a hacer nada. Pero, ahora que su hijo lo había vivido, ambos se decidieron a hacer algo.

Consultaron a brujas y hechiceras de la zona. Se instruyeron en magia blanca. Consiguieron velas, cruces, rosarios, vinagre y otros elementos típicos de hechicería. Llegó la noche, el cinocéfalo se hizo presente. Pero ellos lo esperaban sentados en el sillón del living. Cerraron los ojos y comenzaron a rezar. Un aire helado invadió la sala. Las cortinas comenzaron a moverse. Los cajones de la cocina se abrían solos y las puertas se golpeaban. Las velas se apagaron. La respiración de un perro se sentía cada vez más fuerte y cercana. El clima llegó al máximo.

De un momento hacia el otro, la calma le ganó al terror. Todo se quedó quieto. Las velas se encendieron. Abrieron los ojos. No había nada enfrente. Lo habían vencido. Todo volvió a la normalidad.

Mientras que, algunos días después, charlando con un vecino, la madre del joven se enteró de que, en esa casa a donde ella se había mudado, había muerto un hombre que solía vestir muy elegante y que vivía con un perro. Ambos, de un día para el otro, se dejaron de ver por el barrio. Nadie preguntó demasiado porque el hombre no era muy sociable. Eso explicaba todo.

Fecha de Publicación: 07/10/2020

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