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Perdiendo al amor de tu vida en Uspallata

La historia que relató una joven mendocina a un diario local dio vueltas por todos lados. Perdió al amor de su vida en Uspallata. ¿Verdad?

Hace algunos años, un diario local publicó el relato de una joven que contaba las ominosas vacaciones que pasó en Uspallata. Tan funestas fueron, que hasta perdió a su novio entre las montañas.

Todo comenzó como unas vacaciones más. A esta pareja le encantaba subirse a la camioneta 4x4 e ir a recorrer los hermosos lugares que nos ofrece la provincia de Mendoza. La Laguna del Diamante, Villavicencio, Tupungato y otros eran los destinos más comunes. Pero, este fin de semana en particular, decidieron ir a pasar unos días a Uspallata. Encontraron el aviso del alquiler de una cabaña cuyo dueño era un matrimonio que vivía en el mismo terreno, pero al fondo. Al llegar a la casa, fueron recibidos por el longevo matrimonio muy hospitalariamente.

Pasó el primer día con típicas actividades como ir hasta el Cristo Redentor o hacer el trekking rápido de la Laguna de Horcones. La cosa se complicó el segundo día. Algunas cosas pocos comunes comenzaron a suceder. En una ocasión hicieron una caminata hasta una cueva con pinturas rupestres y, al tocarlas, ella sintió como unas vibraciones o electricidad. Pero decidió no darle mayor importancia.

Sin embargo, la cosa se puso peor cuando apareció una bandada de pájaros negros y hasta un grupo de murciélagos. Incluso, en otro momento, cuando también caminaban por la zona de montaña, ella fue invadida por un dolor corporal insoportable que duró varios segundos y se fue de un momento a otro. Su novio le propuso volver a la cabaña para descansar y olvidarse un poco de todo.

Al llegar a la cabaña se les ocurrió comentar lo sucedido al matrimonio que vivía al fondo. El hombre les recomendó ir a la base del cerro Uspallata por la noche, ya que ahí podían tener una mejora espiritual. Ella no quería ir, pero su novio insistió para que se curara de eso que la estaba afectando.

A la noche se subieron a la camioneta, se adentraron en la montaña y llegaron hasta el sendero que conduce a la base del cerro. Estacionaron, se bajaron y comenzaron a caminar. La noche estaba estrellada, pero sin luna. Al cabo de caminar 300 metros, ella vio la silueta de un hombre, oscura, pero sentía que la miraba. Al ver a su novio, este estaba pálido y señalaba a la misma figura. Rápidamente dieron media vuelta y comenzaron a correr hacia la camioneta. En un momento, la joven tropezó y se cayó. Al recuperarse del impacto, mencionó el nombre de su novio, pero este no contestó. No estaba allí. Comenzó a gritar, pero nadie le contestaba. Volvió sobre sus pasos, pero solo encontró la campera del joven. Recordó que habían dejado una luz portátil en la camioneta. La fue a buscar y retornó por el camino para buscarlo, pero no había ningún rastro.

En un momento cayó fundida al suelo y se quedó dormida. Al otro día despertó con el sol en la cara y un hombre que trataba de ayudarla. Al rato llegó Gendarmería. Tras escuchar el relato de la joven, le contestaron que era muy común que ocurriera lo que ella les contaba.

Al llegar a la cabaña, llorando desconsolada, fue a hablar con el hombre que vivía al fondo. Él le desmintió que hubieran hablado el día anterior. Dijo que no se habían visto y que él estaba durmiendo en el horario en que, según ella, habían hablado.

Nadie pudo echar más luz sobre el tema. La teoría que se maneja es que la sombra que ella vio durante la noche fue la que se llevó a su novio. Y, posiblemente, la misma sombra había poseído al hombre en el momento en que hablaron y este les recomendó ir hacia el cerro.

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