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Melincué: agua y maldición

La hermosa laguna de Melincué, y su pueblo en el sur santafesino, guardan una tradicional leyenda. Una maldición indígena dormiría en sus célebres aguas.

Los indios Querandíes habitaban originalmente las tierras cercanas a lo que hoy es la laguna Melincué. Estamos hablando de la zona sur del interior santafesino.

Cuenta la historia que vivía allí el Cacique Melín, junto con su mujer y su hijo Cué. Los tres se amaban por sobre todas las cosas y ella cuidaba a su hombre, del cual estaba perdidamente enamorada. Cuando él salía de excursiones, ella no hablaba con nadie hasta que regresara. Durante todo ese tiempo, sus ojos derramaban lágrimas de dolor.

Eran tiempos de excursiones realizadas por el ejército argentino, en la tristemente célebre Campaña del Desierto. Un grupo de indios, liderados por Melín, fue emboscado a la orilla de la gran laguna y masacrado sin misericordia.

A la matanza solo sobrevivió su esposa, quien huyó en un tordillo que la llevó malherida hasta una de las islas de la laguna.

Allí, la mujer aterida de dolor, y furiosa por la muerte de su hombre y su hijo Cué, maldijo a los blancos. En su agonía, y llamando al lugar Melincué, por su hombre y su hijo, le deseó al pueblo que las aguas de la laguna crecieran. Así, estas taparían con sus olas todo el lugar.

El agua creció. Tanto, que anegó campos y llegó al pueblo, apoderándose de él durante años y haciendo que sus moradores vivieran en un continuo estado de alerta. Miles de hectáreas se convirtieron en estériles, pues la altura de la laguna las fue anegando.

Los moradores aseguran que, en noches de lluvia, el espíritu de la india sopla para que el agua llegue al pueblo. Dicen también que, hasta que no haya un acto de desagravio por tamaña matanza, su espíritu seguirá rondando. Lleno de furia y dolor por su familia, los males no cesarán de llegar a Melincué.

Algunos datos sobre Melincué

En su origen Melincué fue un fortín establecido en el siglo XVIII para avanzar en territorio de los indios araucanos y pampas. Las autoridades virreinales lo inauguraron el 25 de octubre de 1777 y, así, marcaron el límite sur del territorio santafesino, que se mantuvo allí hasta 1815.

En 1872, en el sitio que había ocupado el fortín, la Compañía de Tierras de Gran Sud de Santa Fe y Córdoba, fundó el pueblo San Urbano, ahora un barrio de la ciudad. La Comuna fue creada, por Ley Provincial, el 3 de septiembre de 1886.

La laguna de Melincué marcó profundamente al pueblo. Las inundaciones comenzaron en los años 30 y se agudizaron entre 1978 y 1981. En esos años el agua avanzó sobre el balneario y llegó al casco urbano. Las aguas de la laguna, saladas, carbonatadas y con propiedades terapéuticas fueron aprovechadas por el turismo, pero el avance de las aguas sumergió un lujoso hotel en 1974 y el turismo dio lugar a la pesca deportiva.

 

El mangrullo de Mangoré se reconstruyó en 1868 para contribuir a la defensa de la población ante la llegada de los malones. Hoy la construcción permanece a un costado del trazado urbano y constituye el último vestigio del fortín construido en el siglo XVIII.

 

¿Qué es una leyenda?

Una leyenda es un relato que puede tener elementos fantásticos o maravillosos. Suele tener cierta base histórica más o menos reconocible, lo que, a diferencia del mito, le aporta cierta verosimilitud. Sus personajes son reales o basados en personajes reales. Se transmiten de manera oral o escrita a través de las generaciones. El tiempo y el espacio en que se dan los sucesos, por lo general, se pueden ubicar de manera concreta.

Características de las leyendas

 

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