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Maitén y Coyán, ¿los primeros macaes plateados?

El macá plateado es un ave que podemos avistar en la Patagonia. ¿Cuál es su historia?

Leyendas Urbanas
Leyenda de aves

El macá plateado es una pequeña ave que puede verse entre en nuestra Patagonia en los meses de primavera y verano, que cuando llegan los días de frío emigra hacia el norte. Tienen el pico gris plomizo muy oscuro y la frente, corona, barba y garganta con un color gris más ceniciento. Pero no vamos a hablar de ornitología, sino que nos vamos a remontar tiempo atrás, para saber cuál es el origen de esta especie.

Para ello nos tenemos que remontar a aquellas épocas en que la tierra del sur era poblada por las tribus indígenas, que instalaban sus toldos a lo largo y a lo ancho del territorio austral. En una de esas tolderías, ubicada cerca del Lago Nahuel Huapi, vivía la joven y bella Maitén que, como marcaba la tradición de su pueblo, estaba comprometida desde pequeña con Coyán, un muchacho de la tribu.

Él la amaba y ella a él. Pero la belleza de Maitén llamaba la atención del resto de los jóvenes de la tribu, que se esforzaban contemplarla y admirarla en silencio, ya que amar a la mujer de otro no hacía más que llamar a la mala fortuna.

Maitén y Coyán pasaban casi todo el día juntos, reían y soñaban con su futuro. 

Pero las cosas no siempre salen como uno espera. Hubo un día en que Maitén estaba a orillas del lago sin compañía y fue vista por dos hermanos de una tribu pehuenche que quedaron deslumbrados con la belleza de la joven. Un instante después, ambos comenzaron a pelearse para ver quién se quedaba con la muchacha.

Sin embargo, luego de un momento, consideraron que dos hermanos no debían pelear y dejar que una mujer rompa su lazo de sangre, recapacitaron y evitaron que la ira los invada. Es por ello que decidieron que Maitén elija a uno de los dos hermanos y prometieron que el otro aceptaría la decisión de la joven.

En ese momento se acercaron a Maitén, ella se sorprendió por la presencia de los dos extraños, aunque los escuchó con respeto. Luego de la propuesta, con el mismo respeto les contó su decisión, que no incluía a ninguno de los dos hermanos pehuenches: ella estaba comprometida con Coyán desde pequeña y lo amaba. La furia volvió a invadir a los pehuenches, que no aceptaron la respuesta de Maitén, y juraron no darse por vencidos para conseguir su amor.

Tras el rechazo de la joven, se dirigieron a la morada de una vieja adivina, a la que le pidieron que los ayudara para que aquella muchacha que los enamoró decidiera desposarse con uno de ellos. La adivina intentó por todos los medios hacerles entender que estaban equivocados y que nada bueno podía surgir de una intención para dañar el amor genuino que Coyán y Maitén se tenían. Sin embargo, los hermanos, invadidos por la ira, insistieron para que la anciana accediera a sus pedidos, e incluso llegaron a amenazarla. Ante esto, la vieja adivina les propuso consultar al dios del lago. Los pehuenches estuvieron de acuerdo y al día siguiente llevaron a cabo la maniobra.

Los hermanos y la adivina fueron hacia el Nahuel Huapi, donde Maitén iba cada mañana. Al ver que llegó la joven, los hombres le indicaron a la anciana que se acercara a la joven. Aquella le invitó algo de beber y la muchacha, sin sospechar, bebió y entró en un sueño profundo.

Luego de esto, los hermanos metieron a Maitén en un bote y la empujaron hacia las calmas aguas del Nahuel Huapi para saber la decisión del dios del lago, sin notar que Coyán había logrado aferrarse a la embarcación para proteger a su amada. Sin embargo, la decisión del dios del lago no fue lo que ellos esperaban: el cielo oscureció y el Nahuel Huapi comenzó a elevar olas mientras el viento comenzó a azotar a los pehuenches.

Mientras ellos sufrían la furia del dios del lago, vieron cómo se abrió un lecho de tierra por el que comenzó a correr agua. Por allí, pudo verse a Maitén y Coyán aferrados a la embarcación en la que la joven había sido adentrada en el Nahuel Huapi. Luego el río y el bote desaparecieron, y volvió la calma al lugar. Los hermanos pehuenches, aterrados y malheridos tras la furia del temporal, huyeron de esos terruños ante el temor de la ira del dios del lago.

Coyán y Maitén, en tanto, fueron llevados a una tierra mágica, donde vivieron felices. Sin embargo, cuenta la leyenda que el dios del Lago los convirtió en macaes plateados, para que de vez en cuando puedan regresar al lugar que los vio crecer y fue testigo de su amor.

Son muchos los que aseguran que, aún hoy, Maitén y Coyán continúan llegando al lago al atardecer para agradecerle al dios, ya que desde aquel día no han tenido que separarse.

Fecha de Publicación: 07/06/2021

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