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Leyendas argentinas: la Rosa del Inca

En los distintos rincones de nuestro país, prevalecen las historias de amor en diferentes leyendas. En esta ocasión, esta historia viene del pueblo catamarqueño.

En cada rincón de nuestro país abundan las leyendas urbanas, donde muchas de ellas tienen como protagonista el amor, como es el caso de “La Rosa del Inca”, una historia que se narra en la provincia de Catamarca

Se cuenta que en épocas lejanas a orillas del lago Titicaca se encontraba el templo de las Ajllas, vírgenes sacerdotisas del Dios Inti. Se trataba de un templo de enormes puertas que solo se las abría para que salga la sacerdotisa que el Inca elegía para prolongar la pureza de la raza, y elegía a la más bella. Un día Tupac Canqui, un guerrero de esos tiempos, se animó a cruzar el lago sagrado, y escalar los muros del templo para poder descubrir a la hermosa Ñusta Ajlla.

Cuando sus miradas se cruzaron quedaron enamorados a primera vista, pero como las leyes incas eran muy rígidas y establecía que nadie podía entrar sin autorización al templo, los enamorados tomaron la decisión de escapar. Los dioses y Tiahuanaco, enfurecidos por la hazaña de los jóvenes enamorados, ordenaron a todo el ejército que saliera a buscarlos y que los trajeran de regreso y luego fueran juzgados por tan grande ofensa hacia sus creencias. 

La leyenda catamarqueña cuenta que Tupac Canqui y Ñusta Ajlla huyeron muy lejos, hacia las tierras de Andalgalá, en el centro norte de esta provincia. Por su parte, el ejército continuaba con la búsqueda sin tener éxito. En consecuencia, el inca ordenó consultar a hechiceros para que con su sabiduría les dijera dónde estaba escondida la pareja de enamorados. Pudieron adivinar y estos hechiceros les enviaron una maldición, la cual se trataba de que su amor nunca podría triunfar, pero el tiempo pasaba y como fruto de un amor tan fuerte y sostenido con sacrificio y lágrimas por no poder estar juntos y que todos los aceptaran, la pareja, sin embargo tuvo muchos hijos y en Catamarca sostienen que esos hijos son el fruto descendiente del pueblo diaguita. 

Parecía que la maldición enviada por los hechiceros no había tenido éxito, pero la leyenda cuenta que una mañana Ñusta murió a causa del embrujo y el mal había triunfado. Esa mañana llovía y un ventarrón sacudía al pueblo de Catamarca como avisando que su reina había fallecido. Asimismo, la historia cuenta que fue enterrada en la cima de una montaña. 

Luego de muchos años, cuando Tupac Canqui ya era un anciano se acostó a lado de la tumba de su amada Ñusta para no despertar nunca más, un deseo de querer estar a su lado en el más allá. Un día, comenta la leyenda que un pastor que arreaba vicuñas pasó por la tumba de la hermosa Ñusta y vio que habían tapado a los enamorados con pétalos de rosas rojas y que ya se habían petrificado, tomó una piedra de ellas y conociendo esta historia de amor, el pastor se la llevó al inca quien tembló de emoción cuando la recibió. 

El tiempo había curado las heridas, para ese entonces, Ñusta ya estaba perdonada por lo que había hecho, lo de desobedecer las leyes sagradas, y un tiempo después fue elegida como mártir del amor

En ese momento, el inca de este tiempo, tomó trozos de esa piedra y adornaron el cuello de las princesas del Tiahuanaco. A su vez, bautizaron a la hermosa piedra color sangre como “La Rosa del Inca”, como símbolo del perdón, de la fidelidad y del sacrificio del amor grande y verdadero.

Luego de muchos años, cuenta la leyenda que "La Rosa del Inca” fue reemplazada con el nombre de “Rodocrosita”, que significa en griego rosa roja, y Argentina, después de muchos años la denominó como “Piedra Nacional”. 

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