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La Ramonita, santa icónica

Te contamos la historia de la Ramonita, una leyenda que se resiste a perderse entre otras narraciones y sigue viva a pesar del paso del tiempo.

La historia de La Ramonita fue muy particular. De esas supersticiones que el paso del tiempo adormeció, pero que en su momento dejo huella sobre el alma popular de la ciudad. Sucedió, como casi toda historia de la época, en el sector del ex “Pueblo Nuevo”, que sería el actual Güemes. Esta anécdota dio nacimiento a uno de los lugares de mayor “alumbramiento”, ya que era el punto donde se encendían velas de sebo y pábilo grueso, normalmente en devoción a algún santo. A más de 80 años de los sucesos de la Ramonita y todo su legado, recordamos este hecho que se convirtió en mito popular. 

¿Quién era la Ramonita?

Las crónicas de entonces cuentan que Ramona Moreno de Yániz tenía 25 años cuando decidió volver a vivir a la casa de sus padres. El nuevo hogar de Ramona, se encontraba en la calle Exposición (actual Arturo M. Bas) y Pasaje 11 (actual Achával Rodríguez). Luego de haber estado casada por 5 años con Juan Yániz, habían decidido separarse. ¿La razón? Según la familia y la gente de la zona, era la “vida irregular” que llevaba Ramona. Se hablaba de que una de sus relaciones extramatrimoniales por la cual decían que tenía una "vida irregular", era con Reymundo Telésforo Morales de 28 años, el cual vivía en la calle Ituzaingó al 629, un lugar de cocheras con una habitación al fondo.

El destino que no fue

El 9 de mayo de 1934, Ramona estaba preparando un supuesto viaje a Buenos Aires, ya que habría conseguido el trabajo de sirvienta para una familia y se iba a radicar en dicha ciudad.  Su madre y uno de sus hermanastros iban a acompañarla a tomarse el tren hacia el nuevo destino. Sin embargo, antes de terminar de preparar sus pertenencias, ella decidió ir a la casa de Morales a pedirle unos discos de vitrola que le había prestado.

A Ramona la mataron antes de poder emprender su nuevo destino. La hipótesis inicial de la policía fue confirmada luego por el propio Morales. Ramona había ido a despedirse de Reymundo, y, luego de confirmarle lo de su partida, se dio una fuerte discusión en la que el hombre terminó estrangulando a la joven. Luego de caer en la cuenta sobre la gravedad de lo acontecido, Morales comienza a beber, y ya ebrio le pide ayuda a un amigo que se encontraba en igual estado. Cargaron el cuerpo en un vehículo y lo trasladaron hasta las actuales calles Mariano Moreno y Perú. Para aquella época, el sector era un gran baldío, poco transitado y con un barranco de unos 5 metros de profundidad, próximo a la bajada San Roque (actual Julio A. Roca). El notorio descuido del homicida y su cómplice se hizo evidente al ser encontrados los zapatos y la peineta de la víctima a orillas del barranco. Además, solo se preocupó por cubrir la cabeza con tierra, dejando casi el cuerpo completo al descubierto.

¿Dónde estabas, Ramonita? ¿Quién te obligó a partir?

El cuerpo de Ramoncita fue hallado por unos niños que a la mañana siguiente habían salido a colocar tramperos. Dadas las circunstancias del caso, no le fue difícil a la policía dar con el culpable. El acusado trató de mantener su inocencia, pero debido a la presión del interrogatorio terminó por quebrarse. Al día siguiente “la Voz del Interior” titulaba “'Porque no quería quedarse la maté', declara el estrangulador”.

Santa devoción

El lugar donde hallaron el cuerpo se convirtió en un espacio para la fe de los vecinos. Quienes, apenas terminó la actuación policial, encendieron velas y convirtieron el lugar en un altar donde rezar devotamente por el “alma de la finadita” y más tarde, por otras cosas. 

Pasado el tiempo La Ramonita se convirtió en un personaje milagroso. Muchos vecinos aseguraban que les había cumplido pedidos y que daba a conocer su presencia con diferentes señales. La noticia se extendió hacia otros barrios y salió también de la ciudad. Por esta causa, los lunes, al caer la tarde fue común, durante mucho tiempo, presenciar el desfile de creyentes. Era frecuente ver los lunes por la noche, desde la bajada Julio A. Roca, ver ese sector completamente iluminado por las llamas de aquellas velas. Se decía que “La Ramonita” solucionaba problemas sentimentales o que intercedía para que la suerte no fuera esquiva a las personas pobres que arriesgaban poco dinero en el juego. No faltaron los casos de curaciones milagrosas, luego de una promesa cumplida a “La Ramonita”.

El caso de La Ramonita fue otro caso más de femicidio. Uno de los tantos que, hasta el día de hoy, siguen pasando. Sin embargo, la situación fue diferente. Porque con el tiempo se convirtió en ícono de la cordobesidad y su historia quedó instalada en la memoria popular y colectiva.

 

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