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La leyenda de Nazarí

Entre miles de leyendas, te contamos una muy especial que es parte del imaginario popular y serrano de la provincia de Córdoba.

A unos 110 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Córdoba, Villa del Dique es uno de los destinos excelentes para disfrutar entre diversos planes al aire libre en Calamuchita. Esta leyenda da lugar al imaginario popular de la zona y cuenta el origen de uno de los puntos más importantes de Córdoba. 

La leyenda

Cuenta la leyenda que hace muchos años en el hermoso valle llamado Ctalamochita existía una tribu de indios que decidieron dejar de ser nómades, hechizados por la belleza del valle. Así fue que cambiaron su estilo de vida y se instalaron definitivamente en aquellas tierras fértiles cubiertas por el encanto de la naturaleza.

En la comunidad había personas de todas las edades, y entre los originarios más jóvenes, se encontraba uno al que llamaban Nazarí. Él era alto, robusto, de tez morena y con unos ojos grandes que enmarcaban una mirada penetrante y avasalladora. Ojos que le regalaban el don de ser un gran observador. Cuentan las malas lenguas que para Nazarí “No existía ave sobre el cielo que no pudiera divisar, ni animal en la tierra sin dejar de rastrear, aún las tormentas más fuertes aprendió a detectar anunciando a su tribu la cercana tempestad”.

La noche del terror

La leyenda cuenta que una noche, cuando Nazarí se encontraba apostado en su guardia vigilando sigilosamente y resguardando su tribu, sucedió algo inesperado. Sintió a lo lejos una voz suave que lo llamaba por su nombre: “Nazarí, Nazarí, ven a mí. Soy tu sueño y he venido a acunarte”. Nazarí, asombrado, sacudió su cuerpo y abrió grandes sus ojos, tratando de no pensar en esa hermosa voz que, por momentos, lo apartaba de la realidad. En pocos minutos, la voz se apoderó nuevamente de él. Su cuerpo relajado se dejó arrastrar  por completo hacia los brazos cálidos del sueño. Nazarí dejó de ser dueño de sí mismo en ese momento...

El despertar del indio

Al día siguiente, los primeros rayos de sol abrazaron el cuerpo cálido de Nazarí, el de los ojos ávidos. Sus párpados, que siempre se encontraban alerta, esta vez fueron abriéndose lentamente para devolverle un panorama desolador. El horror se encontraba frente a él: los pumas habían arrasado con todo. La panorámica se encontraba plagada de cuerpos mutilados que yacían por todas partes. Nazarí sintió que el corazón se le salía del cuerpo y se sumergió en un profundo llanto, dándole lugar a la angustia y a la tristeza.

El origen del cerro

En ese preciso momento la tierra comenzó a temblar, desprendiendo un sonido aterrador. De cada ranura del suelo, brotaba fuego con un líquido ardiente y destructivo. Un humo negro se alzó por los aires abrazando y tragando hacia la inmensa profundidad a Nazarí. Las nubes de fuego mezclado con cenizas fueron apartándose lentamente. Nazarí ya no estaba, pero en su lugar se encontraba un desafiante e inmenso cerro al que hoy llamamos Cerro de Villa del Dique.

Por las noches, cuando los habitantes del pueblo se sumergen en un sueño profundo, el cerro no duerme. Porque en su interior quedó el alma protectora y alerta de este indio culposo. Por eso, el cerro se consolida como el gran protector de la villa. Gracias a su fuerza y avidez lleva ganadas miles de batallas climáticas y cicatrices profundas entallan su cuerpo. Sin embargo, nunca descansa. 

Quienes descansan en el valle son los lugareños y nativos, que saben que un gigante los abraza y cuida, prestando especial atención a lo que pueda suceder.

 

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