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La bandolera inglesa que transitó la Patagonia, parte I

Elen Greenhill Blaker nació en Inglaterra, contrajo matrimonio en Chile, pero en la Patagonia fue que se hizo famosa.

Tal vez cuando León Gieco compuso Bandidos Rurales para reivindicar a aquellos Robin Hood de esta parte del mundo le faltó un personaje que, si bien no nació en nuestro país -y tampoco trascendieron actos solidarios como sí se conocieron de otros bandidos populares-, se ganó su fama transitando los caminos de la Patagonia profunda entre finales del siglo XIX y principios del XX: Ellen -o Elena- Greenhill Blaker.

"La Grinill", como se la conocía a la bandolera, tal vez por pronunciar su apellido sin ninguna fonética, había nacido en Yorkshire, Inglaterra en 1875 y llegó a este lado del Atlántico junto a su familia. Sin embargo su primer destino estuvo del otro lado de la Cordillera de los Andes, en Chile, donde se establecieron junto a otros colonos con la promesa de recibir la promesa de recibir unas 40 hectáreas de tierra, animales y herramientas para trabajarla.

Algunos de los que integraron la expedición decidieron retirarse porque el lugar no colmó sus expectativas. Los Greenhill Blaker, sin embargo, fueron algunos de los que apostaron a quedarse. y se instalaron en cercanías de Victoria.

A seis meses de haber arribado al país trasandino, Ellen se casó con Manuel de la Cruz Astete, un hombre que en ese entonces la doblaba en edad, que se dedicaba al comercio y al arreo de animales -aunque las malas lenguas aseguran que en realidad su oficio era el de cuatrero y estafador-. El matrimonio decidió cruzar la Cordillera por Neuquén y anduvieron juntos hasta establecerse en Choele Choel, provincia de Río Negro. Sin embargo, el matrimonio se caracterizaba por cambiar bastante seguido de domicilio.Los registros los ubican en Chelforó, en General Roca y también Catán Lil, siempre rondando entre Neuquén y Río Negro.

Allí tuvieron dos hijos. Armando, el mayor, nació en 1898 y dos años más tarde llegó César Eulogio, pero en esos tiempos la vida de Ellen daría un giro de 180 grados.

En 1904, su esposo fue encontrado cerca de la vivienda en la que residían asesinado, cubierto con piedras y con la cabeza destrozada por los golpes. Ellen fue la primera sospechosa y por lo tanto, fue detenida.

Martín Coria, un hijo de hacendados entendido en el ámbito del derecho defendió a "La Grinill" en el juicio y logró que sea absuelta. El crimen de Astete, en tanto, quedó impune. Además de celebrar el triunfo judicial, Coria y Ellen celebraron el amor, dado que iniciaron un romance y contrajeron matrimonio en 1905.

Dicen los que saben que a partir de ese momento, Ellen perfeccionó su talento con las armas y junto a su flamante esposo se convirtieron en expertos en el arte de la estafa, desafiando a la policía de la época, que contraatacaba como podía ante las distancias, la falta de agentes e insumos.

Tiempo después se instalaron en Montoniló, cerca de Ingeniero Jacobacci donde montaron un almacén de ramos generales, aunque todo parece indicar que el pago a los proveedores no era su punto fuerte. Mientras tanto, continuaban con sus andanzas vinculadas a estafas y el abigeato. A la falta de asesoramiento judicial de los estafados, se sumó el temor: Donde La Grinill ponía el ojo, ponía la bala y aseguran que sus pocas pulgas y su puntería hacían que cualquiera evitara alguna confrontación con el matrimonio. ¿Y Armando y César Eulogio? Fueron enviados a Buenos Aires con Henrietta, la hermana de Ellen, que la seguía en edad.

Tiempo después, Ellen también partiría hacia Capital Federal, pero esa parte de la historia de la Grinill, como así también sus últimos días quedará para otro momento. Hoy, llegamos hasta acá, pero atentos, porque la agitada vida de la bandolera inglesa tiene más aventuras.

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